En ocasiones la historia nos tiene reservadas joyas que nos deslumbran una vez vuelven a ver la luz. Ese es el caso de Catherine Guérard, uno de los secretos más preciados –y mejor guardados– de la literatura francesa. Cuando en 2021 la editorial Éditions du Chemin de Fer rescató del olvido Renata Sin Más, tanto la crítica como el público comenzaron a preguntarse cómo era posible que nadie supiera nada de esta autora. Unos años más tarde, en 2024, este redescubrimiento llegaba a España de la mano de la Editorial Tránsito, que nos traía la traducción de esta obra en español. Y ahora, cerrando el círculo y completando el mapa de su misteriosa obra, la misma Editorial Tránsito nos entrega Príncipes (2024), su primera novela, publicada originalmente en 1955. La figura enigmática de Guérard empieza, por fin, a tomar forma.
Apenas tenemos datos sobre su vida. Sabemos que nació en Le Vésinet, cerca de París, en 1929, y que murió el 14 de julio, día nacional, en 2011. Fue periodista –trabajó en la sección musical de Elle– y se crio en el seno de una familia de la burguesía judía de París que se encargaba del negocio de los diamantes. Su verdadero nombre era Catherine Dreyfus, un dato que, como gran parte de su biografía, solo salió a la luz en 2022 gracias a la investigación de Renaud Buénerd y François Rosso. Ellos mismos se preguntan: “¿Por qué entre 1967, la publicación de Renata sin más, y la muerte de Catherine Guérard en 2011, nunca se rompió el silencio?”
El corpus de su obra lo forman tan solo dos novelas que atestiguan su existencia meteórica. La primera es este Príncipes, que ahora podemos leer por fin en español gracias a la traducción de Regina López Muñoz. Narrada con una sensibilidad punzante, nos introduce en la relación amorosa entre dos hombres —un general de la armada francesa y el estudiante universitario Antoine Villaert—, transportándonos directamente a la ternura y el dulzor del amor en la juventud, que otorga, en primer y último lugar, una libertad siempre deseada y nueva. No en vano, Guérard abre la novela con la definición de príncipe, que no es otra que “dícese del que posee una soberanía”. Con una prosa precisa y evocadora, la autora indaga, a través de esta relación, en el concepto de la libertad permitida y admitida en la sociedad, además de en la posibilidad de otro tipo de existencia fuera de las exigencias sociales, a menudo terroríficas, como la guerra. “Cada vez que comento un acto inmoral u obro de un modo precipitado es por culpa de la guerra. La idea de una guerra inevitable e inminente. Tengo prisa por vivir antes del cataclismo: quiero vivir antes de que me maten”.
La segunda obra, Renata sin más, escrita doce años después, en 1967, también supone un soplo de aire fresco que sorprende por la modernidad de sus planteamientos, algo que le valió la nominación al Premio Goncourt. En ella, nos sentimos subyugados por la fuerza de una narración compuesta de una sola frase ininterrumpida a lo largo de 172 páginas. La protagonista, que nunca revela su nombre real pero se hace llamar Renata, es una empleada del hogar que lo deja todo para buscar una vida de libertad radical, un camino lleno de contradicciones y mentiras, todas con el único objetivo de encontrarla, pese a todo. Guérard utiliza un toque de humor que se mezcla con la crítica social –“Lo único que les interesa es el dinero”–, y un discurso que pasma por su naturalidad al preguntar cosas que suelen darse por hechas: “¿Es que no se puede?, dije yo, No, dijo la señora, no se puede, Pero mi vida es mía, dije yo, mis días son míos, puedo hacer con ellos lo que me apetezca”. Con estos recursos nos descubre las ataduras de las que somos víctimas si queremos formar parte de la sociedad, y nos ofrece una visión de la realidad cruda y ferozmente independiente, un tono y una forma que críticos de Le Monde llegaron a comparar con los de Samuel Beckett.
Es imposible, hasta cierto punto, no encontrar similitudes entre el misterio de la protagonista y el de la autora: ambas construyen una máscara con sus nombres para escapar de los prejuicios. Catherine Dreyfus para desvincularse de su origen y para ser considerada quizá exclusivamente por su escritura, y Renata, aunque nunca revela el suyo, nos deja destellos de una vida pasada, acarreando durante su largo viaje de tres días una caja con las cartas de un tal Paul.


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