La cita pretende explorar cómo nos acercamos a la realidad, cómo la experimentamos y la asimilamos. Algo que la propia Montenegro predica con el ejemplo, ya que buena parte de sus muestras, aunque no están concebidas como eventos site specific, sí que terminan de asentarse en la localización durante el montaje –”Mi trabajo tiene mucho que ver con estar en el lugar viviendo la experiencia de estar ahí”, confiesa la artista–. Esa presencialidad se trabaja a través de obras realizadas en metacrilato –un material con el que la creadora lleva experimentando los últimos años– moldeado gracias a la aplicación de calor. Dichas planchas, que terminan siendo artefactos escultóricos, tienen la capacidad de modular la luz de manera absolutamente caprichosa: jugando con los destellos, provocando reflejos y deformando lo que hay al otro lado.
Así, la experiencia del visitante cambia a medida que se desplaza a través de las piezas, provocando una experiencia atravesada por el momento. “Para mí es importante que las cosas no se tengan que explicar con un texto o que no haya algo que descifrar que sea complejo. Lo que pretendo es que sea una experiencia universal y que cada persona lo perciba de una manera. De ahí también que trabaje con un material que va cambiando según cómo lo miras. Siempre que alguien me pide un texto para acompañar una exposición me incomoda mucho”, reconoce.
Las obras de la artista que forman parte de la muestra son, de alguna manera, ‘retales’ y proceden de materiales almacenados en su taller desde abril de 2024 y han servido como pruebas y maquetas para otras obras que ya han sido expuestas.
Obras de la exposición Hojas, Ojos que la artista celebró en septiembre del año pasado en el Espacio Gaviota, en Madrid.Álvaro Chior
Álvaro Chior



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