Muchas mujeres han aprendido a restar importancia a pequeñas señales que les envía el cuerpo. Atribuimos la caída del cabello a los cambios de estación, justificamos un cansancio excesivo por una jornada especialmente larga o damos por hecho que la falta de energía forma parte del síndrome premenstrual. Precisamente por eso, muchas carencias pasan desapercibidas, disfrazadas de estrés, alteraciones hormonales o, simplemente, del ritmo frenético del día a día. Son cambios sutiles, fáciles de racionalizar y aun más fáciles de ignorar. Entre ellos se encuentra el déficit de ferritina, una proteína esencial para la salud y el bienestar de las mujeres que, sin embargo, suele pasar inadvertida.
¿Qué es la ferritina?
“Cuando hablamos de hierro, la mayoría de las personas piensa en el hierro que circula por la sangre, que suele reflejarse en una analítica básica”, explica la nutricionista integrativa y psicóloga de la salud Karishma Shah. “La ferritina, sin embargo, es algo distinto. Es la forma en la que el organismo almacena el hierro”.
La ferritina se encuentra en forma inactiva en células del hígado, el bazo, la médula ósea y el sistema inmunitario, actuando como una especie de reserva estratégica del organismo. En otras palabras, es el indicador que muestra cuántas reservas de hierro disponibles tiene el cuerpo para utilizar cuando las necesite.
Su función va mucho más allá del transporte de oxígeno a través de la hemoglobina. También interviene en la producción de energía, los ciclos de crecimiento capilar, la función cognitiva, el estado de ánimo y el metabolismo de la tiroides. Como explica la doctora Shirin Lakhani, especialista en salud femenina y hormonas, la relación entre hierro y ferritina es fundamental. Cuando los análisis muestran niveles normales de hierro circulante, pero una ferritina baja, significa que el organismo está consumiendo sus reservas y funcionando prácticamente con lo justo.
“Si tanto el hierro como la ferritina están bajos, es más probable que la persona esté encaminándose hacia una anemia por déficit de hierro, ya que se trata de una fase más avanzada”, señala.
¿Por qué es especialmente importante para las mujeres?
“Las mujeres son especialmente vulnerables a presentar niveles bajos de ferritina por diversos motivos: la pérdida de sangre durante la menstruación, el desgaste asociado al embarazo y al posparto, una ingesta de hierro generalmente menor —sobre todo en dietas vegetarianas— y las fluctuaciones hormonales, que pueden afectar a su absorción”, advierte Shah. “Incluso una disminución leve y mantenida en el tiempo puede provocar síntomas mucho antes de que aparezca una anemia diagnosticable”.
La menstruación, especialmente cuando es abundante, puede agotar de forma significativa las reservas de hierro. Durante el embarazo, las necesidades aumentan para cubrir las demandas tanto del bebé como de la placenta, mientras que la recuperación tras el parto puede reducir aún más los niveles de ferritina debido a la pérdida de sangre. Además, afecciones hormonales como la menorragia, la endometriosis o los miomas incrementan el riesgo de sufrir esta carencia.

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