A lo largo de su carrera, Víctor Algora ha tendido a guardar para sus discos su vena más contemplativa, sus letras sobre fábulas, sus cosas de cantautor. Siempre hubo excepciones, y tan tempranas como ‘Paraaguas‘, pero los «bangers» solía más bien pasárselos a La Prohibida. Hasta ahora.
Este 9º álbum ya, ‘Fuego en el espejo’, es el más pop que nunca haya hecho, pues se compone de himnos, si bien no pensados para reventar pistas, sí con una clara vocación electro, ochentera, desarrollada junto a un experto en el tema, Guille Mostaza. Tan certeras son sus intenciones en estas 10 pistas que suman 37 minutos, que hasta cuesta destacar unas canciones sobre otras, con todo lo bueno y malo que tal cosa pueda implicar.
‘Fuego en el espejo’ es un álbum que habla sobre «el deseo, la comunión y la identidad». Lo primero queda claro en unas canciones que narran encuentros y desencuentros, aunque en esta ocasión con un tono optimista, casi humorístico. ‘Astronomía’ es un tema de adoración a alguien que observamos en la pista de baile. En ‘Esfinges’, con Alberto Jiménez de Miss Caffeina, canta sobre alguien poco transparente («cómo resuelvo el acertijo / tu idioma es un jeroglífico») que siempre desaparece al amanecer. Con su conocido gusto por mezclar tradición y cotidianidad actual, en ‘Éxtasis del minotauro’ ofrece borrar «todos los seguidores de Instagram, si me besas una vez más».
‘Ovnis y palmeras’, de bajo irresistible, situado en algún punto entre los últimos años 70 de Blondie y los primeros años 80, es un paseo del festival a la rave, da igual si «tecno, reggeaton o trap», donde al final cuesta diferenciar la realidad de la fantasía: «¿fueron tus pupilas gigantes o era aquel subgrave?».
La cara B del álbum da otra faz, que dirían Mecano, sometiendo los parámetros estéticos del disco a una letra tan española como ‘¿Quién pasa por el romero?’. Y a continuación, Algora sube la apuesta con lo que considera una jota, en verdad ha llamado «Villancico», y finalmente recuerda a las interpretaciones sui generis que Los Planetas han venido haciendo del flamenco desde 2007. ‘Villancico del apocalipsis’ es tremendo drama sobre un chico que siempre vemos fumar en una esquina, siempre con un chándal Adidas, al que queremos decir algo, pero nunca nos mira.
Como harto de vivir esclavo de la sensualidad, Algora reclama su independencia en la divertida ‘Wolfgang von Goethe’, en la que proclama que ningún «moderno Romeo» le doblegará: «cuando hayas cerrado al fin la puerta, otra al otro lado estará abierta». Y finalmente cierra el álbum con una muy necesaria celebración de la identidad LGTBIQ+ en la infancia (‘Federico’) y uno de los cortes más pegadizos, ‘Oda a Géminis’.
Hay que celebrar lo explícito de estas canciones que tanto nos pueden acompañar este verano, más allá del Pride Month. Cuenta Algora que el título del álbum ‘Fuego en el espejo’ corresponde a ese momento en que «al fin te miras al espejo, te reconoces y te abrazas». Nosotros «reconocemos» al artista en todo este costumbrismo marica que no oculta lengüetazos ni drogas duras, pero también en un tema tan extraño como ‘El hombre pera’. Una canción de corte surrealista que esconde un alegato ecológico y otro contra la gentrificación, además de posiblemente una metáfora sobre sí mismo. En este Madrid «no hay sitio para personajes de novela».

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