La obsesión con Obsession
La popularidad obtenida por Obsession, estrenada casi al mismo tiempo que la aclamada Backrooms de Kane Parsons, da cuenta de que el género de terror, impulsado por una nueva hornada de brillantes talentos emergentes, goza de muy buena salud. Barker, como Parsons, también es muy joven (ya a los 10 años rodaba y montaba películas, porque quería ser actor y pensaba que «la única forma de actuar era crear mis propios proyectos») y proviene de internet, donde se hizo famoso en YouTube gracias al dúo cómico (justo junto a Cooper Tomlinson) That’s a Bad Idea, con el que primero realizaron The Chair (un cortometraje que acumuló 9 millones de visitas) y luego Milk & Serial, un largometraje de terror que se hizo igualmente viral. ¿Y por qué ese cambio de la comedia al terror, géneros tan aparentemente opuestos? Porque, como él mismo explicó, “el terror te permite explorar ideas y emociones extremas de una manera que resulta muy auténtica y visceral”. En el caso de Obsession, Barker ha querido utilizar esta clave para indagar en un tema que en cierto modo nos atraviesa a todo el mundo: la obsesión. Por alguien. O por algo.
Yo, sin ir más lejos, estoy absolutamente obsesionado con esta película que, por cierto, parte precisamente de la comedia. La idea del palito de los deseos surge, de hecho, de un episodio de Los Simpson, en el que Bart compra una “pata de mono” con el poder de cumplir lo que le pidas y, en su manos, sembrar el caos en la ciudad. Barker ha transformado la broma en un objeto terrible que exprime los límites de la obsesión romántica, hasta el punto de cuestionarlo absolutamente todo, incluida la naturaleza del amor.
Obsession se vale de la hipérbole para poner en el punto de mira las relaciones modernas y su potencial toxicidad, una preocupación cada vez más representada en la pequeña y en la gran pantalla. Más que eso, indaga en la agresión directa a la libertad individual, algo que debería ser innegociable en cualquier relación de pareja.
En la película de Barker, además de la libertad, también falta el consentimiento. A través de ese sauce del deseo, Bear, de hecho, “obliga” a Nikki a amarlo, sin tener en cuenta la felicidad de la chica de sus sueños. Su deseo, el de ser amado “más que a nadie en el mundo”, lo ciega hasta el punto de robarle a Nikki su humanidad y su autonomía.

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