19/07/2026

‘La Odisea’ de Christopher Nolan: Por qué es un error releer la obra de Homero con ojos de hoy, entre “Helena de los brazos blancos” y otros engaños

Además, estamos hablando de obras e historias situadas en un mundo prehistórico y presocrático, en el que ni siquiera se había concebido el significado mismo de Historia. Es decir, viven en la dimensión del mito, de la maravilla y del todo es posible. Con toda probabilidad, Helena no era la mujer más bella del mundo, el caballo de Troya nunca se construyó y Ulises no tardó tanto en volver a casa: estos conceptos y episodios no eran más que metáforas de otra cosa, historias inventadas para transmitir al público conceptos fundamentales como la hybris (¡no desafíes a los dioses!), el nostos (¡vuelve a honrar a tu patria!) y —algo que los críticos más conservadores quizá no están teniendo en cuenta– la xenia (¡acoge y respeta al extranjero que te visita!). El mismo tema tan cacareado de “Helena de los brazos blancos” es un pretexto: no es seguro que Homero –o quienquiera que fuese– utilizase el término “blanco” refiriéndose a un color concreto, ya que, como suele ocurrir, los llamados epítetos homéricos («Aquiles, el de los pies ligeros», “Odiseo, el de los mil ardides”) signifiquen en realidad otra cosa (por ejemplo, la nobleza, ya que las mujeres aristocráticas como Helena, al no trabajar al sol, no se bronceaban como las mujeres plebeyas).

La Odisea y las mil posibilidades de una historia

Si queremos perdernos en los meandros del relativismo, hay que reflexionar también sobre el hecho de que en ninguna parte del mundo se lee la misma Odisea, sino muchas Odiseas diferentes. En el sentido de que, salvo un reducido grupo de afortunados que lee y disfruta de la versión original en griego antiguo, el resto disfrutamos del poema a través de traducciones. En España, desde la de Gonzalo Pérez en el siglo XVI, existen decenas y decenas de ellas. Lo mismo ocurre con el inglés, y no es poca cosa que Christopher Nolan, para preparar su película, se basara principalmente en la traducción de 2017 realizada por Emily Wilson, la primera mujer en abordar el poema homérico desde cero para el mercado anglosajón. Según críticas como la de The Guardian, la traducción de Wilson libera el texto homérico de las pesadeces tanto lingüísticas como patriarcales, recurriendo a menudo a adaptaciones ingeniosas y sagaces (el primer verso, el famoso Ἄνδρα μοι ἔννεπε, Μοῦσα, πολύτροπον, que conocemos sobre todo como “Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio”, se convierte en: “Tell me about a complicated man, Muse”, y en ese “complicated” cabe todo un universo de significados).

Volviendo al punto de partida, es probable que, al reivindicar como pura y exacta una obra literaria, sobre todo si es milenaria, todos nos equivoquemos. Se equivocan Elon Musk y las tropas de la Maga cuando, echando espuma por la boca, afirman que Helena no puede ser negra. Se equivoca Lupita Nyong’o cuando dice que Homero no dio demasiada importancia a las mujeres. En general, se equivoca cualquiera que quiera releer la Odisea con los ojos de hoy, encasillándola en una visión de valores contemporánea, tirándole de la chaqueta hacia tal o cual representación del mundo. La Odisea es un mundo en sí misma, o mejor dicho, mil mundos en sí misma, una galaxia de sentidos y significados que no era unívoca ni siquiera cuando empezó a circular en el siglo VIII a. C.

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