06/06/2026

5 zapatos de los años 80 que vuelven a ser tendencia este verano 2026

Desde entonces, las bailarinas no han dejado de evolucionar. Sobre la pasarela han adoptado múltiples formas, desde versiones híbridas con guiños deportivos hasta diseños adornados con aplicaciones y grandes lazos, como las vistas en Erdem y Ulla Johnson. Mientras la casa británica las combinó con faldas de marcada silueta acampanada, Johnson las integró en su característico universo bohemio a través de un dos piezas de croché blanco.

Los años 80 sentían una especial predilección por los clásicos. No es casualidad que el armario de Madonna estuviera repleto de prendas tan atemporales como camisetas blancas, faldas midi o medias de encaje. Sin embargo, fue la manera de reinterpretarlas y llevarlas lo que convirtió aquella estética en algo verdaderamente icónico. Así lo demostró Yves Saint Laurent, que recurrió a un modelo con historia, los zapatos de tacón salomé (o T-bar) para acompañar un vestido de falda transparente y cuello babero. Sensual y sofisticada a partes iguales, esta combinación acabaría convirtiéndose en una referencia estilística para las décadas posteriores.

Zapatos TBar de Yves Saint Laurent PrimaveraVerano 1980.

Zapatos T-Bar de Yves Saint Laurent, Primavera-Verano 1980.

Getty Images.

Zapatos TBar de Lanvin PrimaveraVerano 2026.

Zapatos salomé de Lanvin, primavera-verano 2026.

Launchmetrics / Spotlight.

En su desfile de primavera-verano 2026, Lanvin confirmó que los zapatos salomé siguen siendo sinónimo de elegancia, aunque ahora exploran nuevas proporciones. Con tiras más anchas sobre el empeine y una doble pulsera en el tobillo, estos diseños ya no se limitan a transmitir delicadeza: también reclaman protagonismo. Precisamente por ello se convierten en el complemento ideal para piezas de líneas depuradas, como blazers estructurados o faldas de tubo.

Que figuras como Amal Clooney o Lily-Rose Depp sigan recurriendo a los zapatos destalonados demuestra que el legado estilístico de aquella década permanece intacto. A medio camino entre la sofisticación y la audacia, este modelo se ha consolidado como el complemento perfecto para los looks con mayor personalidad. No sorprende, por tanto, que Emanuel Ungaro los eligiera en el verano del 88 para rematar una de sus propuestas más impactantes: un vestido azul drapeado, con voluminosas hombreras en forma de flor y largos guantes morados.

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