12/05/2026

7 cosas que espero que capte ‘The White Lotus’ sobre el caos de Cannes

La alfombra roja de Cannes sucede en un plano surrealista donde todo es posible: los humildes mortales (yo misma, en más de una ocasión) no pueden pisarla sin tacones mientras que estrellas de la talla de Julia Roberts y Kristen Stewart van descalzas o, como Jennifer Lawrence, en chanclas. Los selfies están prohibidos, al igual que las transparencias, aunque ambas cosas aparezcan inevitablemente, provocando que los guardias de seguridad se abalancen sobre ti o te niegan la entrada en función de tu nivel de fama. Y si resulta que allí en Francia te consideran poco famosa (cómo le ocurrió a Kelly Rowland en 2024) y osas tardar más de la cuenta en subir las escaleras del Grand Auditorium Louis Lumière… el personal del festival te empuja para que espabiles o, a veces, hasta te tira al suelo. Si quieres saber dónde encajas exactamente en la jerarquía de Hollywood, no hay forma más rápida de averiguarlo, lo que sin duda lo convierte en el escenario perfecto para una crisis White Lotus de manual.

Los abucheos

El abucheo es un componente crucial en los festivales de cine europeos (por suerte también he podido cubrir Venecia), pero lo más entregados quizá sean los de Cannes. Si has rodado una película especialmente controvertida (por ejemplo, Megalópolis, de Francis Ford Coppola), es posible que una horda iracunda de críticos y críticas de cine se ponga a gritarle a los títulos de crédito, para luego poner tu obra a parir sin concesiones antes las cámaras de sus compañeros reporteros. (En el caso de Megalópolis, escuché a varias personas describirla como la peor película que habían visto nunca). ¿Ocurrirá eso en The White Lotus con alguna de las películas competidoras? ¿Entrarán sus estrellas en barrena? Por el bien del entretenimiento, espero que sí.

Las ovaciones de récord

Por otro lado, si tu película es bien recibida, eso puede plantear otros problemas: a saber, una ovación en pie increíblemente larga, cansina e incómoda. La duración de las ovaciones (siete minutos se consideran muy buenos; diez, excepcionales; veinte, inauditos) es muy comentada y puede condicionar las opciones de una película en los premios de Cannes. Por ello, a muchos de los presentes en la sala durante el estreno –incluidos el equipo de rodaje y los productores– les interesa que los aplausos duren el mayor tiempo posible. Mientras esto sucede, hay cámaras que recorren el auditorio y enfocan al director o a algunos miembros del reparto, que aparecen en la pantalla y sonríen, saludan o lloran, provocando más aplausos. Cuando se trata de una gran película, puede ser conmovedor, pero la mayoría de las veces es simplemente agotador: te duelen las manos de aplaudir, te duelen las mejillas de sonreír y te quieres ir a la cama. Una larga ovación en pie es, al menos en mi opinión, un momento imprescindible para un The White Lotus ambientado en Cannes.

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