30/06/2026

Aida González Rossi, escritora: “Terminas creyendo que, si participas en ese ‘bullying’ y en el rechazo a las personas gordas, tú ya no eres tan gorda”

Conviene, quizá, aclarar que cuando González Rossi habla de sinvergonzonería a lo que se refiere es al revelador proceso por el que ha sido capaz de cuestionar la gordofobia, tanto externa como internalizada, y ha tratado de despojarse de ella a través de una resistencia activa que se nutre de una mirada festiva. “Al final, el sistema de pensamiento gordofóbico es tan complejo que te acaba convirtiendo en tu propia bully. Es muy fuerte y creo que tiene que ver con otro fenómeno que en el libro abordo en términos de ‘desdoblamiento’: estás abocada a tener dos ‘yos’. Uno tiene que ver con tu realidad corporal, que no puedes habitar del todo; y otro con tu yo en potencia, esa que serás cuando adelgaces. La que ya eres por dentro pero tienes arrestada, castigada”, argumenta y profundiza: “Terminas creyendo que, si participas en ese bullying y en el rechazo a las personas gordas, tú ya no eres tan gorda. Al final, hay una creencia social muy asentada sobre que tú eres la culpable de tu gordura. Es porque estás haciendo algo mal y eres poco confiable porque no te das valor a ti misma. Es algo que te fastidia mucho la cabeza”.

Desgraciadamente, no le faltan ejemplos concretos. “Algo que pasa mucho es estar teniendo una discusión y que alguien te diga: ‘Cállate, gorda’. De hecho, tardé mucho en darme cuenta de que, si alguien me decía eso, la discusión podía seguir. Es una indefensión aprendida muy fuerte que no solo te lleva a tolerar muchas cosas, sino a darlas por naturales”. Un momento definitorio en su andadura personal fue cuando, en 2016, llegó al grupo de Facebook Stop Gordofobia, creado por Magda Piñeyro. “Visto desde el presente, parece muy bobo. Pero fue el primer espacio en el que pude compartir vivencias con otras personas afectadas por la misma discriminación y ser consciente de que esas cosas que nos pasaban, esos insultos y  agresiones, estaban mal”, sentencia.

Tampoco ayuda a la aceptación de la diversidad la percepción generalizada de que un cuerpo gordo es, necesariamente, un cuerpo enfermo. “La salud no es igual a la moralidad pulcra y pura. Tenemos mucha presión encima por comer una determinada cantidad de gramos de proteína al día, evitar alimentos ultraprocesados o hacer ejercicios de fuerza. Son recomendaciones que pueden estar muy bien, pero no perdamos de vista que podemos decidir no hacer estas cosas. La vida es mucho más compleja. Y no pasa nada. La salud se usa mucho contra las personas gordas como arma arrojadiza y como justificación de muchas violencias”, comenta.

Además de la crítica, lo que triunfa en Gorda sinvergüenza es un espíritu irreverente y celebratorio que va mucho más allá de esos eslóganes del movimiento body positive que ponen todo el foco en la capacidad del individuo para amarse a sí mismo, olvidando las presiones sociales estructurales que tan complicado se lo ponen. “Me apetecía mucho escribir un libro festivo. Creo que es muy importante señalar que las violencias estéticas te arrebatan el cuerpo, pero el cuerpo es maravilloso precisamente porque es imperfecto, orgánico. Mucho menos controlable de lo que queremos creer. El proyectarnos a un supuesto futuro de delgadez y negarnos la posibilidad de hacer cosas hasta que lleguemos a él solo trae infelicidad. Por eso me gustó cuando el año pasado se popularizó el trend #hazlogorda: apúntate a baile, ponte cropped top. Vivir la única vida que tenemos de una forma buena pasa por atrevernos a hacer todas estas cosas que, durante tanto tiempo, han sido motivo de vergüenza. Si se nos quita el presente se nos quita la posibilidad de existir en plenitud”, concluye.

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