La conversación cinéfila viró hacia un debate sobre la vocación de una adolescente hace ahora un mes. Los domingos se mostraba entonces en el Festival de San Sebastián y se alzaba unos días después con el premio gordo del certamen guipuzcoano, la Concha de Oro. La cineasta Alauda Ruiz de Azúa escribe y dirige una película mayúscula que explora qué sucede en una familia vasca aparentemente normal –de clase media alta de las que manda a sus hijos a un concertado religioso– cuando la mayor de las hijas de un hombre viudo comenta que está pensando en pasar un tiempo en un convento para descubrir si lo que siente es una vocación real.
“Creo que es lo más complejo que he hecho hasta ahora, pero no solo por el tema, sino también por el enfoque. He querido jugar con puntos de vista muy estrictos y darle a cada uno su sitio”, explicó la propia Ruiz de Azúa a esta cabecera. “La película plantea diferentes hipótesis y dependiendo de qué mochila traiga el espectador –su propia espiritualidad, su educación religiosa o su experiencia familiar– escogerá una u otra”, apuntaba. Y, efectivamente, hay dos posiciones contrapuestas en el largometraje que representan los dos bandos a tomar cuando Ainara, a la que da vida la debutante Blanca Soroa, cuenta en casa que está planteándose pasar unos meses de discernimiento para saber si se entrega a la clausura o no.
Miguel Garcés toma el papel de un padre a todas luces negligente, más preocupado por el dinero, su nueva novia y sus hijas pequeñas que por la mayor; Patricia López Arnaiz es Maite, la tía que ve a la legua la locura que su sobrina está a punto de cometer. Y por encima de ambos está la madre priora Isabel, a la que interpreta Nagore Aranburu, la que controla la orden y la figura en la que Ainara termina encontrando abrigo cuando en casa todo parece desmoronarse. Cada uno de los espectadores ha querido encontrar en Los domingos lo que ha dado la razón a sus creencias. Y ese cada uno es casi literal porque el filme ha arrasado en taquilla en su fin de semana de estreno y la cifra de recaudación parece que no hará más que aumentar en los próximos días.
“En nuestro caso, que la vimos en el pase de prensa en San Sebastián, se sentía un patio de butacas que murmuraba, removido, frente a lo que se estaba viendo y ese sentir recogía rechazo y una posición muy clara sobre lo que estaba ocurriendo en la pantalla, aunque la voluntad de la directora sea abordar la historia sin mediar en la opinión de sus espectadoras”, reflexionan Las entendidas, Alexia Guillot y Adriana Cabeza, prescriptoras de cine y series. “En varios momentos, nos pareció que hasta puede leerse como una película de terror. Pudimos comprobar que la religión suele despertar sensibilidades de un modo muy concreto (por lo que sea, porque durante demasiado tiempo la sombra de un pasado nacionalcatolicista no nos ha dejado espacio para mucho más)”. Mencionan una publicación en la red social X del periodista Oskar Belategui que resume muy bien esa idea: el suplemento religioso del diario ABC, Alfa y Omega, loa la película; un usuario la define como la película de Halloween del año.

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