Fue Angela Channing, el mítico personaje de Falcon Crest, quien, aún siendo una niña, despertó en ella una aspiración, un reflejo futuro, sobre la posibilidad de encarnar un liderazgo femenino. Cuando llegó la hora de elegir una titulación universitaria, Margarita Santana ya era una enamorada del derecho. Al escucharle hablar de su profesión, no tarda en salir a la luz una vocación ardientemente comprometida, no solo con su oficio, sino con el sentido de la justicia, al tiempo que brota su torrente natural de energía irrefrenable. Desde el principio de la conversación, Santana se revela como una mujer segura de sí misma y con una fortaleza enraizada en la experiencia de quien ha caminado, caído y se ha levantado. Se confiesa feminista y también crítica, pero queda de manifiesto su entrega y generosidad en todo lo que hace: “Siempre he dicho que el día que deje de tener pasión en lo que hago, lo dejo. Este negocio sin pasión no va a ningún lado. Es decir, yo no soy una empresaria, soy una profesional. Me gusta el derecho artesanal, por eso tengo una boutique de litigación, y me gustan las personas. Porque al final representas a personas. Entonces, ese feeling, esa atención, es fundamental”.
Una experiencia de más de dos décadas como abogada de litigación penal da solidez a su relato. La faceta del derecho que conoce Santana es dura: “Al despacho llega gente muy tocada, con mucha angustia. En este sentido, para estas personas, es como recibir el diagnóstico de una enfermedad terminal. Se mueven todos los cimientos de su vida”. Por eso, Santana prioriza como un deber hacer sentir al cliente que está bien defendido. “No sé si somos los mejores abogados o no, sí creo que nos lo curramos muchísimo”, comenta. Llegar hasta el punto actual desde que en 2007 fundó Santana Lorenzo Abogados “ha sido un camino difícil, porque yo empecé sin padrinos, no he heredado ni un despacho con clientes ni un nombre que la gente conozca”, aunque puntualiza que lo más complicado no es llegar, sino mantenerse.
Además de su prolongado recorrido en el mundo del derecho penal, Margarita Santana es toda una pionera en el novedoso campo del compliance. Una rama del derecho que proviene del ámbito anglosajón, y que en España es una realidad desde el año 2015, cuando una reforma del Código Penal introdujo la responsabilidad penal para las personas jurídicas, y esto llevó a las empresas a tener que implementar en su funcionamiento interno programas especiales, conjuntos de procedimientos y protocolos que velasen por la prevención de estos posibles delitos. Para entonces, Santana ya llevaba años dirigiendo congresos dentro y fuera de España sobre esta materia. Paralelamente, trabajaba en una norma UNE de compliance tributario y fiscal con la participación de la Agencia Tributaria. “Creamos un departamento específico desde el que organizamos cursos de formación, implementamos planes o hacemos auditorías, y también proporcionamos formación certificada”, explica. Una firme ética de trabajo acompaña su implicación en el oficio, en el que ha reclamado su espacio a pesar de un clima no siempre justo con las mujeres: “El derecho es muy machista, y resulta curioso, porque cada vez hay más mujeres que hombres estudiando Derecho, pero en los puestos de responsabilidad y de la judicatura, como en el caso del Tribunal Supremo, solo hay que verlo para saber que ahí no hay paridad alguna. Es verdad que en los órganos del Poder Judicial cada vez la tendencia es a intentar incluir a más mujeres, pero a día de hoy sigue siendo totalmente dispar”.

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