28/06/2026

‘Berghain’, el primer sencillo de ‘LUX’, libera a una Rosalía cada vez más experimental e hipnótica

Nada está siendo corriente (aunque tampoco fortuito) en esta nueva era de Rosalía. Primero se pasó dos años tanteando el terreno con sus looks de estética monacal –que, efectivamente, resultaron ser una pista de lo que se venía–; después, anunció de manera oficial su álbum presentándose por sorpresa en la Plaza del Callao de Madrid mientras retransmitía en directo en TikTok; y, anoche, comunicó que este lunes (un día inusual para lanzar música) publicaría el primer sencillo de LUX, titulado Berghain. Una elección que, en realidad, no pilló a sus seguidores por sorpresa, ya que esta fue la primera melodía que la artista compartió en forma de partitura en su perfil de Substack a mediados de este mes.

La verdadera sorpresa vino con sus colaboradores. La catalana no está sola en este tema. La acompañan la leyenda de lo experimental, Björk (con quien ya lanzó Oral en 2023), y el artista estadounidense Yves Tumor, también conocido por empujar los límites del sonido hacia lo extraño y abstracto. Sobre su título, las especulaciones han sido muy variadas. Berghain corresponde al nombre del mítico (y casi inaccesible) club de techno de Berlín, emblema del exceso y la exclusividad. De ahí el paralelismo que han encontrado las teorías de sus fans en redes sociales: al igual que no todo el mundo puede entrar en este local nocturno, tampoco todos pueden acceder al cielo. Una metáfora no confirmada que encajaría con la carga profundamente simbólica y espiritual que está marcando esta nueva etapa de la artista.

Sonido e imaginario

Musicalmente hablando, el tema se sostiene sobre un entramado de instrumentos de cuerda que dialogan con texturas electrónicas de fondo y una percusión acelerada, la cual avanza a lo largo de la composición con un pulso cargado de dramatismo y potencia. Los decibelios bajan y suben mientras Rosalía canta como una verdadera diva de la ópera y proyecta su voz con una fuerza y dulzura incluso inusuales para su variopinto registro.

El tema llega acompañado de un videoclip dirigido por Nicolás Méndez y producido por CANADA, con quienes ha colaborado en una decena de ocasiones en trabajos como Malamente, TKN o Vampiros, por citar algunos ejemplos. La pieza visual comienza con Rosalía entrando en una casa, enfundada en un vestido negro. Corre las cortinas y aparecen un coro y la Orquesta Sinfónica de Londres, a los que se une a viva voz.

En otras escenas, la vemos en un autobús urbano, en una joyería apoyada con melancolía sobre el mostrador, sentada mientras le toman las constantes vitales con las manos en el pecho, caminando por la calle con semblante serio e incluso planchando ropa mientras los músicos la observan a escasos metros. La secuencia final es quizá la más enigmática: cuando regresa a esta vivienda, se convierte en una especie de Blancanieves –con un lacito rojo adornando su melena y un vestido de Balenciaga por Nicholas Ghesquière en su figura– mientras irrumpe el timbre rasgado de Björk. Un cervatillo, un petirrojo, una lechuza y una paloma (en la que parece convertirse), entre otros, completan este fantasioso microuniverso.

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