¿Por qué aparecen las canas?
Envejecer es parte intrínseca de la vida. Naces, creces y te reproduces y, en ese ciclo, las líneas de expresión, arrugas, y demás signos de la edad hacen acto de presencia. A veces antes, otras después, pero siempre, siempre, entran en escena. Ante este hecho irrefutable existen dos opciones: entender el envejecimiento como una etapa más de la vida con sus consecuentes cambios físicos y mentales, o negarnos a ello —algo que, por otra parte, no mejoraría el proceso—. Robert H. Shmerling, editor docente senior de Harvard Health Publishing, ha analizado uno de esos cambios, las canas, y ha extraído conclusiones sobre su origen. Spoiler: aunque la edad lógicamente influya en gran medida, en este caso no es el único motivo de su aparición.
Para ilustrarlo, el doctor comienza con un ejemplo bastante gráfico: el cambio físico del ex presidente Obama antes de que se presentara a las elecciones presidenciales y después de que dejase el cargo. Si contrastamos las fotos del antes y después y jugamos a encontrar las 7 diferencias, las canas son la respuesta más evidente. “Parece que el estrés de gobernar un país volvería gris el pelo de cualquier persona. Pero ¿es realmente el estrés el culpable? ¿Y por qué se vuelve gris el pelo, incluso en aquellos de nosotros que no tenemos un trabajo tan estresante como el de presidente de los Estados Unidos?”, planteaba el experto en un artículo para el blog de la universidad. ¿La respuesta? Según el doctor, principalmente la genética, pero también ciertas enfermedades (vitíligo, deficiencia de vitamina B12, alopecia areata…) y el ya mencionado estrés pueden ser los culpables de su origen.
#1. La genética, un factor clave
«El envejecimiento del cabello depende tanto de factores genéticos como medioambientales, y tiene un punto de inflexión clave entorno a la quinta, sexta década de vida, donde el pelo tiene menor calidad y volumen, está encrespado, pierde el pigmento y aparecen las canas», introduce Judith Joseph, psiquiatra y embajadora de Laboratorios Vichy. Un argumento que concuerda con las investigaciones de Shmerling. “El momento y la profundidad con que se vuelven blancas las canas dependen principalmente de los genes que heredamos de nuestros padres. Aunque el estrés puede desempeñar un papel en el proceso, sería más útil fijarse en las generaciones pasadas en lugar de en nuestros niveles actuales de estrés para ayudarnos a predecir cuándo o si nos saldrán canas. Esto es así tanto si somos el presidente de los Estados Unidos como si tenemos un trabajo menos estresante”.
#2. El estrés, culpable encubierto
«En los seres humanos, la mayoría de las canas no están relacionadas con el estrés. De hecho, el cabello en realidad no se ‘vuelve’ gris en absoluto. Una vez que un folículo piloso produce cabello, el color queda fijado. Si una sola hebra de cabello comienza siendo marrón (o roja, o negra, o rubia), nunca va a cambiar de color», argumenta el experto en la publicación de referencia. “Los folículos pilosos producen menos color a medida que envejecen, por lo que cuando el cabello pasa por su ciclo natural de muerte y regeneración, es más probable que crezca como gris a partir de los 35 años. La genética puede influir en el momento en que esto comienza”. Eso sí, aunque el estrés no pueda variar el color de cada hebra del cabello, sí puede desencadenar el conocido como efluvio telógeno produciendo que el pelo caiga hasta tres veces más rápido de lo normal. “El cabello vuelve a crecer, por lo que la afección no causa calvicie. Pero si eres de mediana edad y tu cabello se está cayendo y regenerando más rápidamente debido al estrés, es posible que el cabello que crezca sea gris en lugar de su color original”. La psicóloga lo explica con otras palabras: “Cuando perdemos pelo, nos estresamos y liberamos cortisol. Este aumento del cortisol puede agravar la caída del cabello y alterar hormonas como los estrógenos y la testosterona, lo que en última instancia acuciaría todavía más la caída del cabello. Parece el clásico caso del huevo o la gallina, pero este círculo vicioso está bien estudiado: debemos asegurarnos de que tenemos en cuenta ambas cuestiones, poner fin a la caída del cabello y reducir los niveles de estrés”.
#3. Envejecer de forma consciente
Las investigaciones demuestran que la forma en la que percibimos el envejecimiento también es importante, y de hecho puede acuciar o ralentizar el proceso. «Por ejemplo, quienes lo ven como algo ‘malo’ o como ‘la pérdida’ de algo que valoran, acaban manifestando más síntomas físicos y emocionales negativos del envejecimiento. Por otro lado, las personas que lo viven como un proceso natural y se sienten agradecidas por vivir más tiempo, manifiestan menos síntomas problemáticos de salud física y mental relacionados con el envejecimiento», puntualiza la psiquiatra. Si lo afrontamos con una mentalidad de gratitud, entusiasmo y curiosidad, envejecemos mejor a largo plazo. Entonces… ¿por qué no lo hacemos? “La sociedad nos dice que dejamos de ser valiosos a medida que envejecemos. Sin embargo, muchas personas sienten que, a medida que se acercan a la mediana edad, sus habilidades y experiencias las han situado en su máximo rendimiento. Se sienten seguras, competentes y cómodas en su propia piel. Si escuchan el ruido exterior del mundo, que a menudo les transmite el mensaje de que deben temer envejecer, pueden perder una oportunidad única en la vida: disfrutar del proceso, con o sin canas”.

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