‘Club Kid’ sorprende en Cannes 2026: un equilibrio perfecto entre comedia y gravedad que nos transporta a una estridente y nocturna Nueva York prepandémica
En un maremágnum de películas serias, sombrías y, en gran medida, sin alegría (mis disculpas a Paper Tiger, de James Gray; Patria, de Paweł Pawlikowski; Cuentos paralelos, de Asghar Farhadi; De repente, de Ryusuke Hamaguchi; La oveja en la caja, de Hirokazu Koreeda, y El gentil monstruo, de Marie Kreutzer), el Festival de Cannes 2026 ofrece un singular punto de luz: Club Kid, el despampanante debut como director de Jordan Firstman.
Quizá te suenen los sketches virales de Firstman en Instagram o conozcas su boyante trabajo como actor en I Love LA o en Rotting in the Sun de Sebastián Silva. Y aunque este hombre orquesta (que dirige, escribe y protagoniza este jugueteo que te deja con los ojos desorbitados) al principio responde a lo que esperabas de él, esta película va mucho más allá, sorprendiendo con una carga emocional realmente densa. Y es divertida como la que más.
Empezamos en la estridente y prepandémica Nueva York de 2016: suena el Sex with Me de Rihanna mientras el fiestero profesional Peter (Firstman) se dirige en Uber al encuentro de Sophie, su mejor amiga y socia (Cara Delevingne, que para solaz nuestro regresa a las pantallas) y de su equipo para una de sus salidas nocturnas mensuales. Consumen muchas drogas, toman decisiones cuestionables y sólo recuerdan a medias los detalles de la noche.
Aproximadamente una década después, las cosas no han cambiado mucho. Peter sigue con sus fiestas, se levanta a media tarde, hace cola para desayunar, se pudre en la cama, ve porno anime, se acuesta con hombres que conoce en aplicaciones de citas y se presenta a importantes reuniones de trabajo tan colocado que asusta. Sophie, que está harta, amenaza con echarle del negocio, pero Peter está empeñado en demostrar que puede asumir más responsabilidades. Es entonces cuando se le presenta el mayor problema de su vida: una antigua conocida de un club nocturno se presenta en su puerta con Arlo (Reggie Absolom), un niño de 10 años recién llegado de Londres que, según ella, es su hijo. Toma ya.
Al parecer, el retoño es fruto de una relación sexual olvidada con una escandalosa mujer británica (aunque él está convencido de que jamás se acostaron), por lo que ahora que su madre ha muerto repentinamente es el hijo de Peter. Es su amiga quien se lo lleva, diciendo que la madre de Arlo siempre quiso que tuviera una relación con su padre biológico. Peter intenta deshacerse del niño, pero no puede, y es entonces cuando esta encantadora comedia de parejas disparejas despega de verdad.

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