Si Coco Chanel levantara cabeza este 2026 y viera que su mantra de quitarse un accesorio justo antes de salir de casa ha quedado casi completamente anulado por la inclinación al maximalismo, casi seguro que volvería a acostarse. La moda ha decidido que el cuello ya no necesita un collar, sino una auténtica obra de ingeniería. Cuanto más grande, mejor. Cuanto más brillante, más tendencia. Y cuanto más se parezca a una cadena con la que podrías asegurar una moto, más posibilidades tiene de convertirse en viral.
Ya no hablamos de complementos para un estilismo. Hablamos de que el estilismo complemente al collar. Una camiseta blanca, unos vaqueros y medio kilo de latón dorado alrededor del cuello. Problema resuelto.
Durante décadas fue patrimonio del hip hop, del punk o de la cultura underground, donde simbolizaba identidad, pertenencia e incluso desafío. Hoy comparte espacio con vestidos de seda, americanas de lino y chanclas minimalistas. Y es que estamos ante esa extraña habilidad de la moda de coger un símbolo, descontextualizarlo y devolverlo convertido en objeto de deseo.
Después de años obsesionados con parecer personas que no se esfuerzan demasiado, resulta refrescante asumir que, en ocasiones, sí queremos llamar la atención. Que nos apetece que alguien pregunte dónde hemos comprado ese collar. Eso sí, conviene recordar que existe una fina línea entre el maximalismo y una exposición de piezas entre lo barroco y lo kitsch. ¡He aquí la magia! Igual que hace unos años todos aspirábamos únicamente a vestir como si acabáramos de salir de una reunión en Copenhague, ahora le hacemos un hueco paulatinamente al exceso con la misma convicción. Los collares de eslabones XXL nos recuerdan que cuando una deja de tomarse demasiado en serio las tendencias y experimenta, todo se vuelve mucho más divertido.
Los collares de eslabones XXL que debes tener bajo tu radar:

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