06/06/2026

Cómo superé mi pasado ‘cringe’ e hice las paces con mi adolescencia

Cómo superar tu pasado ‘cringe’ aunque todavía estés en negación: así fue mi experiencia

El año pasado vi un fantasma en la boda de una amiga. Y el susto fue tan grande que acabé sufriendo un ataque de ansiedad tan fuerte que tuve que quitarme la faja que llevaba debajo del vestido y esconderla dentro de un jarrón.

No era un fantasma de verdad, claro. Era una chica llamada Annie, que se sentaba a mi lado en las clases de Psicología cuando tenía diecisiete años. Durante gran parte de mi vida adulta he intentado mantener las distancias con la persona que fui en la adolescencia, y durante bastante tiempo eso resultó sorprendentemente sencillo. Antes de encontrarme con Annie aquella tarde, llevaba más de diez años sin cruzarme con nadie de mi época escolar.

Como les ocurre a muchos de los que pasamos la adolescencia sintiéndonos un poco fuera de lugar, me mudé de una ciudad pequeña a una gran ciudad al comienzo de mis veinte y, por primera vez, sentí que podía desenvolverme con libertad. No es que renegara de mi antigua versión; más bien la enterré. Me consolaba pensando en esa teoría que dice que todas las células del cuerpo se renuevan cada siete años. “Así que, literalmente, ya no eres la misma persona”, me repetía. Me obsesioné con avanzar y me negué a mirar atrás.

Lo digo medio en broma. En realidad, mi pasado no me incomodaría tanto si el problema hubiera sido simplemente haber sido poco popular. Lo complicado es que, además de hacer cosas ridículas, también fui, en ocasiones, bastante poco considerada e incluso cruel. Cuando vi a Annie en aquella boda, el pánico no apareció porque me daba miedo ella, sino porque me aterraba la versión de mí misma que podía seguir existiendo en su memoria. ¿Me recordaría como alguien desagradable? ¿Divertida? ¿Rara? ¿Vergonzosa? No tenía ni idea de por qué, como cualquier adolescente, fui todas esas cosas a la vez y, muchas veces, en el mismo día.

Pero la vida tiene un sentido del humor muy particular. Poco después de aquel encuentro, tuve que reencontrarme con mi yo adolescente por motivos profesionales. Estaba escribiendo mi primer libro infantil, Lily Tripp: Diario de una viajera en el tiempo accidental, y decidí revisar mis diarios y fotografías de aquella época en busca de inspiración.

Y entonces comprendí algo.

Aunque sigo sintiendo remordimientos por las veces que pude herir a otras personas durante mi adolescencia, ha llegado el momento de dejar de avergonzarme por haber dado tanto cringe. Al fin y al cabo, eso no hizo daño a nadie más que a mí misma.

Ni siquiera sé por dónde empezar a enumerar mis momentos más vergonzosos, aunque hay un tema recurrente que aparece una y otra vez: los bigotes.

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