26/06/2026

El perfume atalcado que me transporta al pasado (y me obsesiona desde la primera vez que lo olí)

El perfume que voy a llevar todo el invierno es como un viaje en el tiempo

Ocurrió una mañana tranquila, durante un rato libre que tuve la suerte de disfrutar sin prisa. Me pasé a ver a una amiga a la que hacía bastante que no veía y ella fue quien me lo dio a probar. “Huele esto. Es increíble”, me dijo antes de colocar un papelito perfumado justo frente a mí. Tomé aire y lo reconocí al instante. No era la primera vez que me cruzaba con este aroma. Quizá tampoco habían sido muchas las ocasiones en las que me había dejado envolver por él, pero sí las suficientes como para haberlo grabado en la memoria. Tampoco puedo decir que sea algo que no me suceda con frecuencia. Tengo una nariz bastante despierta, de las que recuerdan con facilidad los olores, pero este llevaba tiempo persiguiéndome. Tanto, que lo había buscado en casi todas mis visitas a perfumerías, siempre con la misma palabra clave en mente: talco. Por fin, aquel enigma sin resolver encontró nombre y apellidos: se trataba de Teint de Neige, del perfumista florentino Lorenzo Villoresi.

La muestra inmediatamente encontró sitio en mi bolso. Me la llevé a casa y la dejé reposar sobre la baldita de mi tocador. Durante días, el aroma permaneció intacto, impregnado en aquella pequeña superficie de celulosa a la que yo me acercaba varias veces al día para repetir la experiencia. Pocos días después, la casualidad volvió a intervenir. Estaba trabajando en un evento cuando conocí a una persona que lo llevaba puesto. Me acerqué y, en un arrebato de extroversión, le pregunté: «¿Llevas Teint de Neige de Lorenzo Villoresi?». Su expresión de absoluta sorpresa lo dijo todo: “Sí. Guau, nunca nadie ha sabido decirme qué perfume llevo”. Fue entonces cuando lo supe. No sería un perfume de uso diario para mí –los amaderados siguen siendo mi zona de confort y este va por un camino completamente distinto–, pero sí uno de esos que reservaría para momentos especiales. Estaba oficialmente obsesionada por él, el universo me estaba mandando señales y, por tanto, tenía que formar parte de mi (cada vez más extensa) colección.

Pienso en este perfume como un viaje en el tiempo. Y me bastó perderme un rato en Fragrantica, la célebre web en la que has de navegar si te gusta la perfumería, para descubrir que no soy la única en sentirlo así. “Eres pequeña, tu madre te ha dado un baño con jabón para bebés, te ha puesto loción y polvos de talco y te ha metido en la cama con tu muñeca favorita”, rezaba la reseña de una usuaria. Otra opinión, igual de nostálgica y visual, me resultó todavía más reveladora: “Me hace viajar a siglos como el XIX y principios del XX. Me imagino a elegantes mujeres con sus largos vestidos utilizando talcos perfumados”. Desde la propia marca, afinan aún más la referencia temporal. Aunque fue ideado por Villoresi en el año 2000, se inspira en “la luz, las imágenes y la atmósfera de la Belle Époque”.

Puede sonar paradójico, pero justamente ahí reside su singularidad. Es un aroma suave y, al mismo tiempo, muy intenso. El jazmín, las rosas y el ylang-ylang se funden en un acabado empolvado que se vuelve aún más delicado gracias al haba tonka, el heliotropo y el almizcle. Para crearlo, su artífice se basó, de hecho, en el maquillaje de la época (los polvos de arroz perfumados) y en la blancura etérea de la nieve.

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