08/08/2026

El ‘plan B’ de platos fáciles y saludables que aconsejan los expertos para disfrutar de la comida en vacaciones

Los platos saludables que los expertos recomiendan como ‘plan B’ para este verano

Hace unos días una amiga que vive en París me contaba que, cuando quería tomar algo ligero fuera de casa, iba a comer tortilla francesa en alguno de los muchos sitios bonitos de la ciudad especializados en (esponjosas) omelettes a las que se le pueden añadir los ingredientes saludables que desees. En mi imaginario era más una cena sencilla de domingo (o, incluso, de dieta blanda), entre otras cosas porque no he sabido reinventarlo y convertirlo en un plato ‘confort’ añadiendo otros elementos más allá del huevo (pero, si lo piensas, la de queso es un gran manjar).

Este término de comfy food empieza a ganar terreno entre los nutricionistas, entre otras cosas, porque necesitamos hablar de la importancia de tener planes alternativos. En términos de alimentación no todo es blanco o negro porque no siempre se puede (o se debe) comer perfecto. Obsesionarse con hacerlo todo impecable en el terreno alimentario también tiene sus peligros. No siempre se pueden poner en práctica las reglas del plato Harvard; ni comer casero, ni hacer un postre con endulzantes naturales. La vida real es otra (y más en tiempo de terrazas, aperitivos y vacaciones). Precisamente la salud y la alimentación saludable son algo más que cumplir reglas.

El perfeccionismo alimentario representa una de las grandes paradojas de la nutrición moderna, ya que la búsqueda obsesiva de una dieta impecable suele derivar en dinámicas de control excesivo, restricción y culpa. Al interpretar la alimentación bajo la lógica del ‘todo o nada’, cualquier excepción se vive como un fracaso que activa la necesidad de compensar. Sin embargo, la evidencia científica demuestra que la salud no depende de la perfección rígida, sino de patrones consistentes a lo largo del tiempo. Cuando comer se transforma en una fuente constante de vigilancia y estrés, terminamos por desconectarnos de señales biológicas tan cruciales como el hambre, la saciedad y el placer”, explica Carmen Morais Moreno, profesora de nutrición humana y dietética de Universidad CEU San Pablo.

Tener recursos para no caer en el impulso

En este camino hacia una relación saludable y flexible se puede jugar con cierta ventaja. Como explica la psiconutricionista Itziar Digón, “cuando vamos en automático y estamos cansados no tomamos decisiones con el córtex prefrontal del cerebro, es decir, con su parte racional. Se toman desde la parte más impulsiva, primitiva y automática”. Por eso, tener trazado un plan en la mente con platos de rescate fáciles de hacer o de pedir fuera de casa (ricos y saludables) crea “un camino para no dejar nada a la improvisación y no dejar que el cerebro primitivo actúe desde el impulso”, añade Digón. Es como una especie de colchón que permite saber que si un día no se puede comer como nos gustaría, hay alternativas para seguir haciéndolo bien. “Sería el equivalente nutricional al fondo de armario: básicos infalibles que te resuelven cualquier situación sin esfuerzo y sin necesidad de complicarte. Estos recursos actúan como una red de seguridad que nos saca de la trampa del perfeccionismo y nos recuerda algo clave: una comida suficientemente buena, fácil y sostenible en el tiempo es mucho más valiosa que perseguir una alimentación idealizada que no se mantiene en la vida real. Especialmente en verano, cuando los horarios se desordenan y todo se vuelve más espontáneo, contar con este ‘plan B’ realista nos da flexibilidad, tranquilidad y libertad para disfrutar sin culpa, que también es una parte esencial”, explica la experta de CEU.

¿La clave? Que sea fácil. “Tener recursos sencillos a mano, como huevos camperos para una tortilla con verduras; conservas de calidad como ventresca de atún o sardinillas; legumbres cocidas; verduras ya listas o, incluso, un tupper de sandía o melón ya cortados, marcan una diferencia enorme en el día a día. Su valor no está solo en lo que aportan nutricionalmente, sino en lo que evitan: decisiones constantes, improvisaciones pobres o la sensación de estar comiendo mal por falta de opciones”, explica Carmen Morais Moreno.

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