03/07/2026

El problema de Letterboxd, GoodReads o Strava: ¿estamos monitoreando demasiado nuestros hobbies y aficiones?

Letterboxd, GoodReads y Strava: ¿estamos monitoreando nuestras aficiones?

Llevo años utilizando Letterboxd para puntuar (y anotar) cada película que veo y comprobar si alguno de mis amigos ha dejado ya su reseña en la aplicación. Aunque me resistí, también he acabado creando mi propio perfil de GoodReads, con sus retos literarios correspondientes. En cuanto a Strava, esa aplicación popularizada entre runners que convierte cada entrenamiento en un mapa perfecto para compartir en Instagram y enseñar al mundo los kilómetros y minutos invertidos en el entreno no ha entrado en mi teléfono móvil por un motivo sencillo: no soy especialmente fan de correr. Y es que no es casualidad que este tipo de apps hayan ganado bastante popularidad en los últimos años. Más allá de provenir de una necesidad humana de poner orden en nuestra vida y registrar lo que hacemos, se están convirtiendo en una forma de monitorear —y hasta de validar, a nivel social— nuestro tiempo libre, además de exponer (aún más, si es posible) nuestros datos personales.

Puede que la rutina e interiorización de este tipo de aplicaciones en nuestra vida nos hayan alejado de la conciencia de una tendencia que, quizás, se está convirtiendo en un monitoreo excesivo para algunos. Más allá de las apps mencionadas, podríamos hablar también de que el propio smartphone mide nuestro sueño o contabiliza todos nuestros pasos (números con los que muchos han llegado a obsesionarse en busca de cumplir objetivos diarios) . O, sin ir más lejos, y aunque algunos deseemos con ansia la llegada de ese momento del año, fenómenos como Spotify Wrapped, que recopila nuestro consumo musical anual y lo convierte en un escaparate ideal para compartir. A pesar de que registrar nuestros hobbies —las películas y series que vemos, los libros que leemos o conocer nuestro historial musical a fondo— tiene un componente nostálgico inevitable, también responde a una tendencia por capitalizar absolutamente todo lo que hacemos, incluso en nuestro tiempo libre.

De una necesidad humana a la cultura del consumo y la productividad

“En los últimos años ha aumentado el uso de plataformas digitales que registran datos sobre nuestras características y las de nuestro entorno, nuestros hábitos, actitudes o preferencias”, corrobora Sara Suárez, profesora de Ciencias de la Información de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Elena Dapra, psicóloga sanitaria experta en bienestar psicológico y analista del comportamiento, nos explica que este tendencia responde, en realidad, “a una necesidad muy humana de orden, pertenencia y autoreflexión”. “Nos permiten poner estructura a lo vivido y sentir que tenemos cierto control sobre el tiempo, algo que en sociedades aceleradas genera sensación de seguridad”, añade. Por otro lado, emergen como una herramienta de construcción de identidad. “Muchas personas buscan dar coherencia a su identidad a través de lo que consumen: las películas que ven, los libros que leen o los kilómetros que corren son una forma simbólica de narrarse a sí mismas”, continúa explicando Dapra. Juan Miguel Aguado, Catedrático de Periodismo en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Murcia, coincide con la psicóloga: “Registrar eso con lo que disfrutamos es una forma de presentarnos a los otros y, en realidad, todo lo que hacemos en el móvil tiene que ver con cómo construimos nuestra identidad social”. Y lo relaciona con la cultura del consumo, omnipresente en nuestra sociedad. “El ocio ocupa un lugar central y nuestra identidad está cada vez más asociada con aquello que nos hace disfrutar, lo que nos gusta hacer es lo que nos define ante los otros”, apunta el experto.

Por otro lado, fomentan la cultura de la productividad y la idea de que todo debe tener un rendimiento o una métrica, también en nuestro tiempo libre. “Cuando incluso el descanso se cuantifica, el cerebro se mantiene en modo logro, y eso impide desconectar realmente”, recalca Dapra. “A largo plazo, esto puede generar estrés, comparación social y sensación de insuficiencia, especialmente en personas con perfiles más autoexigentes o perfeccionistas”, advierte.

Convertir aficiones en datos y validación social

Todas estás aplicaciones, tal y como señala Aguado, están diseñadas para “datificar” nuestra vida social. “Se trata de estructuras diseñadas para procesar los registros en términos de información personal, enriquecer nuestros perfiles y monetizarlos mediante publicidad o recomendaciones personalizadas”, explica el experto. “La recopilación y el procesamiento de estos datos da mucha información a las empresas propietarias de esas plataformas sobre cómo somos y, por ejemplo, sobre cómo, dónde o quién consumimos, descansamos o disfrutamos de nuestro tiempo de ocio”, añade, por otro lado, Suárez. Por eso, cada vez encontramos más apps con el componente de la personalización como protagonista.

Dejando a un lado la tendencia a sobreexponer ciertos datos a veces hasta de forma inconsciente, estas redes sociales también promueven el ocio performativo y convierten nuestras aficiones en un escaparate social. Y, por tanto, nos exponen al juicio externo. “Llega un punto que no solo hacemos cosas para disfrutarlas, sino también para mostrarlas o validarlas”, señala Dapra. “El foco se traslada del sentir al registrar. La persona está menos en el aquí y ahora, más pendiente de cómo quedará reflejado o valorado”, continúa. Una lógica narcisista o voyeurista, según Aguado: “Se convierte en una dinámica estratégica de gestión de las impresiones que producimos en los otros, como si solo pudiéramos disfrutar a través de la mirada del resto”. Si bien hablábamos de la construcción identitaria que brindan estas apps, también pueden ocasionar todo lo contrario: la pérdida de identidad. “Esa mirada externa introduce comparación, el disfrute se vuelve más superficial y, en términos emocionales, se gana ansiedad por la imagen que proyectamos”, aclara la psicóloga.

La nostalgia y el descubrimiento de registrar

Más allá de la deriva negativa de esta tendencia, también posee un componente positivo, dado que nace, sobre todo, desde la curiosidad y el placer de observarnos. “Cuando se utilizan con equilibrio, el registro puede funcionar como un diario emocional, una forma de conectar con la memoria, con las etapas de la vida y con los cambios personales”, señala la psicóloga. Por eso nos ilusiona la llegada del Spotify Wrapped o hasta observar la lista completa de películas que hemos visto, por ejemplo. “Ver lo que uno ha leído o vivido a lo largo del tiempo puede fortalecer la identidad, la sensación de continuidad y el sentido de logro”, explica Dapra. En algunos casos, sirve hasta como herramienta de autoconocimiento y gratitud. “Nos permite apreciar cuánto hemos crecido o disfrutado sin necesidad de competir con nadie”, apunta por otro lado. Y ahí está la clave: en no competir, en no convertirlo en una obligación, sino en una herramienta que nos permita mirar con ilusión nuestras aficiones.

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