26/07/2026

En ‘Music, Fashion, Film’, Charli xcx convierte la búsqueda de su propia identidad en su proyecto más honesto

La lírica también ha cambiado. Los destellos de inseguridad y vulnerabilidad que ya se intuían en Brat (en pistas como Sympathy Is a Knife o I Think About It All the Time) o en el vulnerable how i’m felling now, escrito durante el confinamiento por la COVID-19, aquí se vuelven todavía más honestos. Charli sigue siendo una mujer que ama la fiesta, pero algo en ella ha cambiado. O quizá no tanto. Tal vez simplemente deja ver otra faceta de una artista que vio multiplicado su éxito hasta niveles insospechados con su anterior álbum, que llegó a temer ser despedida por su discográfica, que luchó durante más de una década por hacerse un hueco en la industria y que ahora ha sentido una nueva necesidad de reinventarse.

Y esa reinvención también conllevaba cierto riesgo. Sus nuevos seguidores, conquistados gracias a Brat, podían marcharse y la sobreexposición podía terminar pasándole factura. A partir de ese momento, cualquier movimiento podía parecer demasiado calculado y artificial. Ya ocurrió con Rock Music, el primer adelanto de Music, Fashion, Film, que no convenció a todo el mundo. El verso “I think the dance floor is dead. So now we’re making rock music [Creo que la pista de baile está muerta. Así que ahora hacemos música rock]» fue, de hecho, interpretado por muchos oyentes como un desafío que sembraba dudas sobre el camino que iba a tomar la artista a partir de entonces.

El segundo sencillo, SS26, también explora ese reinicio y reflexiona sobre cómo una celebridad puede esquivar las críticas o dejarse llevar por las estrategias de comunicación que constantemente sobrevuelan su figura. «Think my politics could work as a press strategy. And my heritage could give me quite the USP [Creo que mi ideología política podría funcionar como estrategia de prensa. Y mi herencia cultural podría darme una ventaja competitiva considerable]», canta en este último tema. En Card Declined, por su parte, intenta suplir carencias personales a través de la compra de artículos de lujo, como si ese acto pudiera funcionar a la hora de construir una identidad más atractiva.

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