03/07/2026

«Era una heroína»: Narciso Rodriguez habla de Carolyn Bessette-Kennedy

Carolyn Bessette-Kennedy, mito de la moda, es recordada por su amigo íntimo Narciso Rodriguez

Para algunos, San Valentín se adelantó este año con el estreno del primer episodio de American Love Story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette. La serie, basada en la biografía Once Upon a Time: The Captivating Life of Carolyn Bessette-Kennedy (2004), firmada por Elizabeth Beller, podría definirse como una especie de romance histórico que repasa la historia —tan fascinante como trágica— de una de las pareja favoritas de Estados Unidos.

En el terreno de la moda, Carolyn Bessette-Kennedy, o simplemente CBK, se ha convertido en algo más que un referente: el principal icono del minimalismo y la gran imágen del estilo noventero más sofisticado. Muchas marcas orbitan a su alrededor como satélites, tomando su imagen como punto de partida constante.

Con curiosidad por entender hasta qué punto el mito coincide con la mujer real, contacté con Narciso Rodriguez, que trabajó con ella en Calvin Klein, vivió en su mismo edificio y diseñó su vestido de novia —aquel vestid blanco impecable que ya es historia de la moda—. Aunque no quiso pronunciarse sobre la serie, que no ha visto, sí habló con cariño de su amiga y de la huella que dejó.

¿Qué opinas de la obsesión que tenía Carolyn Bessette-Kennedy por la moda?

Narciso Rodriguez: “Me parece precioso que Carolyn se haya convertido en esto… y no solo en un icono de moda. En una charla con Women’s Wear Daily, Alex Badilla dijo: “Cada vez que voy a la presentación de un diseñador, ella está en el mood board”. Y eso dice mucho de su estilo. Su autenticidad destaca en una época en la que todo parece ficción, como lo que vemos en Instagram. Por eso conecta tanto, no solo con la industria, sino con chicos y chicas jóvenes que ven algo genuino, original, sin esfuerzo por agradar”.

¿Cómo os conocisteis?

“Coincidimos cuando empezamos a trabajar en Calvin Klein y, además, vivíamos en el mismo edificio. Yo estaba viviendo en el Upper East Side y encontré un piso; el agente inmobiliario me dijo: “Tienes que venir ya, porque va a volar”. Fui corriendo y resultó estar en el edificio de Carolyn. Volví a la oficina y le dije: “He cogido un piso en tu edificio”, y nos pusimos a gritar de la emoción. Al final, su apartamento terminó siendo su armario de zapatos y prácticamente vivía en el mío. Fueron años increíbles, de los que guardo recuerdos maravillosos”.

¿Calvin Klein la fichó por su estilo? ¿Cómo funcionaba aquello?

“Fue una etapa impresionante. La firma estaba viviendo una especie de renacimiento, tanto él como la colección. Calvin sabía escuchar y supo rodearse de gente diferente. Recuerdo estar en reuniones y decir: “Sí, es una americana cruzada, pero vamos a hacer que tenga estilo”. Y él respondía: “Sí, con estilo, con estilo…”. Había una energía creativa brutal. Calvin la entendía y la cuidaba. Se notaba en los desfiles, en la prensa, en las prendas. Era algo palpable”.

Estabais construyendo algo nuevo en Nueva York. ¿Lo llamarías minimalismo?

“El minimalismo, entendido al pie de la letra, puede quedarse vacío, sin emoción. Y hoy en día se ha explotado demasiado. Lo que intenté hacer en mi trabajo —y lo que ocurrió en Calvin en los noventa— era algo puro, sí, pero con alma. Limpio, pero con actitud. No se trataba de dejarlo todo en lo básico. Jil Sander es un buen ejemplo: creó un minimalismo con impacto, donde el diseño, el corte, el tejido, el botón, el forro… todo estaba pensado al detalle. Eso es lo que diferencia ese diseño depurado de lo que vemos ahora”.

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