25/06/2026

¿Es que ahora da vergüenza tener novio?

Tener novio: de por qué la pareja heterosexual podría haber pasado del prestigio social a la vergüenza, propia y ajena

En cuanto alguien dice “mi novio” en las redes sociales, la silencio inmediatamente. No hay nada que odie más que seguir a alguien que me gusta mucho y que de repente su contenido se convierta en «mi novio» a todas horas. Quizá sea porque, durante mucho tiempo, hemos vivido en lo que una de mis Substackers favoritas denomina Boyfriend Land: un mundo en el que las identidades online de las mujeres giraban en torno a las vidas de sus chicos, situación que rara vez se invertía. La habilidad de una mujer para encontrar y mantener a un hombre se recompensaba con el prestigio social y el elogio generalizado. La situación se volvió aún más agobiante cuando echarse novio se empezó a poder rentabilizar en redes sociales, bien con seguidores o, en niveles más serios, con beneficios económicos reales.

Sin embargo, más recientemente, se ha producido un cambio pronunciado en la forma en que mostramos nuestras relaciones en internet: lejos de presentar a bombo y platillo a la pareja, las mujeres heterosexuales optan por señales más sutiles: una mano en un volante, chocar copas en una cena o una nuca anónima. En el extremo más confuso, encontramos rostros difuminados en las fotos de boda o vídeos enteros editados profesionalmente para cortar al prometido convenientemente en todas las tomas. Cuando publican fotos, las mujeres de hoy están ocultando las caras de sus novios como si quisieran borrar el hecho de que existen, pero sin dejar de publicarlas.

Entonces, ¿qué está pasando? ¿Es que ahora nos da vergüenza tener novio? ¿O se trata de un fenómeno más complejo? A mí me da la sensación de que ahora las mujeres con novio quieren estar a caballo entre dos mundos: uno en el que puedan recibir los beneficios sociales de tener una pareja heterosexual, pero a la vez de un modo que no parezcan tan obsesionadas con sus novios como para ser unas apestadas culturalmente. «Quieren el premio y la celebración de la pareja, pero son conscientes de su normatividad«, dice Zoé Samudzi, escritora y activista. En otras palabras, en una época de heteropesimismo generalizado, no queremos parecer constantemente volcadas en nuestros hombres, pero también queremos disfrutar de la posición que nos sigue otorgando tener pareja.

Pero no todo es cuestión de imagen. Cuando hice una consulta en Instagram a mis 65.000 seguidores, muchas mujeres me dijeron que, en realidad, eran supersticiosas. Algunas temían el «mal de ojo», la creencia de que sus relaciones felices desencadenarían una envidia tan fuerte que gafaría la relación. A otras les preocupaba que si se rompe la relación, todos esos posts siguen ahí. «Tuve una relación durante 12 años y ni una sola vez publiqué nada o hablé de él en redes. Hace poco rompimos y no creo que jamás vuelva a publicar nada de un novio», dice Nikki, de 38 años. «Aunque soy una romántica, creo que los hombres son capaces de avergonzarte incluso después de 12 años, así que presumir de ellos me parece una tontería».

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