27/06/2026

Este perfume recrea el olor de una tarde de sexo en la playa, y no puedo quitármelo de la cabeza

Hace unos días tuve la oportunidad de descubrir The Scentuary, el nuevo templo madrileño de la perfumería de autor con un nombre de lo más acertado. Y es que desde que puse un pie en él, aquel espacio me pareció un santuario de los aromas. Un lugar casi espiritual en el que tuve una revelación olfativa, como una epifanía que me hizo encontrar el perfume más especial, insultantemente atrevido y seductor que había olido jamás y que, desde entonces, no puedo quitarme de la cabeza. Y sí, el titular no es clickbait, el perfume sobre el que ahora evangelizo realmente busca recrear el olor de una tarde de sexo al sol en la playa, con el salitre en la piel y las endorfinas por las nubes. Un descubrimiento todavía más sorprendente si tenemos en cuenta que, dar con la fragancia perfecta entre cientos de referencias a cada cual más única, no es tarea sencilla.

¿Cómo se encuentra el perfume ideal entre cientos de aromas?

Primer paso: encontrarte en una familia olfativa

Pero vayamos por partes. Mi peregrinación olfativa comenzó por reconocerme dentro de las ocho grandes familias olfativas de la perfumería, y cualquiera que se encuentre en el proceso de topar un aroma acorde con su personalidad debería transitar el mismo camino. La primera familia que testeé, la verde, evocaba bosques húmedos y hojas recién cortadas, con notas frescas y aromáticas. La floral, como su nombre indica, se inspiraba en flores icónicas —rosas, jazmines, lirios— y es quizá la más clásica. La amaderada desplegaba la elegancia del cedro, el vetiver, el pachulí, el pino o el sándalo. En esta ya empezaba a encontrarme. La aromática tenía un aire limpio y herbal que me recordaba a las hierbas de cocina o de jardín. La cítrica irradiaba energía y luminosidad con toques de limón o naranja. La frutal jugaba con acordes jugosos de melocotón, manzana, frambuesa, grosella negra o maracuyá. La chipre, una de las más complejas y mi favorita, combinaba notas frescas de salida —como la bergamota— con una base profunda y terrosa. Y, la oriental (en la que también me reconocí), agrupaba fragancias cálidas, sensuales y especiadas.

Segundo paso: descubrir la fragancia en sus 360 grados

Una vez identificada en una o varias familias, se abrió ante mi un universo fascinante de matices. Solo entonces pasé al siguiente paso —uno que, tras años como periodista de belleza, confieso que nunca había visto—: sumergirme en el mundo de las cerámicas calientes. Alex Puyalto, formador de fragancias de autor y responsable del proyecto The Scentuary, me lo explicaba: Nos perfumamos siempre en las mismas zonas: muñecas, cuello, detrás de las orejas… ¿Por qué? Porque son puntos de pulso, lugares donde la piel es más fina, con más flujo sanguíneo y, por tanto, más calor corporal. Ese calor ayuda a que la molécula olfativa —que proviene del aceite esencial— se eleve en el aire, y es cuando vuela que llega a la nariz y la percibimos. Si no vuela, no sirve de nada. Por eso proponemos un protocolo único que no existe en ningún otro lugar y que sostiene esta teoría: puedes conocer una fragancia en frío, pero también en caliente. Eso te permite experimentar su evolución completa —las notas de salida, corazón y fondo—, percibiendo la fragancia en sus 360 grados».

Ilustrémoslo con un ejemplo sencillo. Imagina que tus amigos te invitan a su casa a comer. Preparan una ensalada y, justo cuando la están aliñando con aceite de oliva, llamas a la puerta. El aroma a aceite no lo percibes, aunque ellos sí, por proximidad. Pero, si en lugar de preparando una ensalada se encontrasen calentando aceite para freír, el olor se extendería por toda la casa. ¿Por qué? Porque el calor libera las moléculas aromáticas. Pues bien: con las fragancias ocurre lo mismo. De ahí la importancia de las cerámicas, pequeñas piezas con forma de oblea hechas del material que les da nombre, que en The Scentuary se calientan a unos 37 grados para actuar como potenciadoras del perfume, permitiendo apreciar su evolución y su esencia más pura. En otras palabras, recrean el efecto del aroma una vez reposado sobre la piel, revelando su carácter más auténtico. Y sí, tal como suena, la experiencia es mucho más interesante y cool que con los clásicos mouillettes.

Tercer paso: dejarte llevar por tus emociones

Y así, a través del calor de las cerámicas en mis manos, di con el perfume del que ahora soy devota. Su nombre, Sex and the Sea Nerolí; su esencia, en palabras de Puyalto, “el resultado de un día entero en la playa, con todo lo que eso implica: el calor sobre la piel, el leve aroma del sudor, el salitre seco que queda adherido… Esa combinación mágica que cuando llegamos a casa solemos reconocer como un olor quizá a ‘desgaste’, pero que también nos produce cierto placer al asociarlo con sensaciones y emociones positivas. A todo esto se añadiría el aroma que segregamos después de haber tenido sexo, más concretamente, sexo en la playa. La combinación de todos estos elementos, bajo el paraguas de una flor fresca, limpia y radiante como es el neroli, da lugar a Sex and the Sea Neroli, de Francesca Bianchi”. En palabras de su creadora, “Sex and the Sea Neroli presenta un corazón de coco, la salinidad del mar y el dulce y cálido sudor de la piel, pero esta vez con un toque de frescura narcótica que hace que la fragancia sea aún más compleja y su evolución más intrigante”.

En las mías propias diría que, a pesar de estar categorizado como un perfume floral, encarna toda la complejidad de las fragancias chipre, la sensualidad de las orientales, la elegancia de las amaderadas y la luminosidad de las cítricas. Se siente el toque salado de la sal y el sudor de forma casi instantánea, el frescor de la brisa marina contrasta con el aplomo del ámbar gris, del sándalo y del vetiver. Las notas de salida de bergamota, petit-grain y miel dejan paso de forma excepcional al neroli, la mimosa, el coco, la siempreviva, la rosa y el iris, y su fondo amaderado y dulce con ládano, benjuí y vainilla permanece en la piel durante todo el día. Este perfume, en su clímax, recrea magistralmente las sensaciones que le dan nombre. Esas cinco palabras son, sin duda, la mejor forma de definirlo.

Sex and the Sea Neroli Extrait de Parfum, de Francesca Bianchi

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