Si todavía no has escuchado el nombre de Olivia Dean, es probablemente sea porque no estás viviendo en el mismo planeta que el resto de nosotros. La cantante británica (1999) se ha convertido en una de las voces más refrescantes del soul contemporáneo: en su primer día en Spotify, su álbum » The Art of Loving» superó los 16 millones de reproducciones y ha seguido dominando las listas de éxitos desde entonces. Pero su talento reside solamente en la viralidad de su música ni se queda solo en el escenario, va mucho más allá: su estilo es una oda a la elegancia relajada. Casi podríamos decir que Olivia viste como canta, con un encanto retro sin parangón. Su soft power dressing últimamente me tiene profundamente obsesionada. En cada aparición pública, concierto o videoclip, logra ese equilibrio perfecto entre lo clásico y lo cool, que la han consagrado ya como un icono de la moda en 2025.
Y no sé si es solo cosa mía, pero hay algo en Olivia Dean que me recuerda al fenómeno Cher de los setenta. No por el parecido estético, sino por esa energía magnética que ambas desprenden a la hora de subirse a un escenario a interpretar sus temas. Igual que Cher, Olivia tiene el complejo don de hacer suyo todo lo que lleva: piezas con flecos por doquier, colores pastel, looks brillantes, todo aderezado con unos tacones kitten y su larga melena al vierno. En su caso consigue este efecto con la ayuda de la estilista Simone Beyene, que le ayudó a crear un guardarropa escénico totalmente personal.
Olivia Dean con un look de FebenNBC/Getty Images

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