Epigenética: cómo lo que comes puede reprogramar tu envejecimiento
Que nuestros hábitos diarios influyen —y mucho— en el envejecimiento de la piel es una verdad difícil de discutir. A estas alturas, todos sabemos que el sueño, el estrés, el ejercicio, las relaciones emocionales y sociales y, por supuesto, la alimentación, son pilares esenciales de la salud. Pero hay uno que, según la ciencia, actúa como la base de todos los demás: la nutrición. “La nutrición es el factor número uno, el punto de partida que sostiene el resto”, explica Lucía Aronica, experta en epigenética de la Universidad de Stanford. “Mi investigación se centra en la nutriepigenética, que estudia cómo los alimentos pueden influir en la expresión genética —no en la secuencia de los genes, sino en cómo estos se expresan—, y cómo esto puede activar o silenciar ciertos genes relacionados con el envejecimiento”.
¿Qué alimentos ayudan a mantener la piel joven y saludable?
La ciencia lo confirma: lo que comemos puede activar genes que favorecen la reparación celular o, por el contrario, acelerar su deterioro. Aronica distingue varias categorías de alimentos que ayudan a mantener la piel joven.
- La primera son las proteínas, fundamentales para la síntesis de colágeno, queratina y elastina. “Sin suficiente proteína de calidad, la piel no puede repararse ni regenerarse”, explica. Además, existen nutrientes llamados donadores de metilo —como la metionina, el folato o la betaína— que funcionan como pequeños interruptores epigenéticos. “Actúan encendiendo o apagando genes implicados en los procesos de regeneración y envejecimiento. Por eso, tanto la cantidad como la calidad de la proteína importan”, añade.
- La segunda categoría es la de los vegetales de colores, o lo que Aronica llama “comer el arcoíris”. “Probablemente todos hemos escuchado eso de que hay que comer verduras de todos los colores, pero lo que muchos desconocen es que esos pigmentos vegetales —los fitonutrientes— también influyen en la expresión genética. Cada color actúa sobre distintos genes”. Así, los alimentos rojos, como el tomate o el pimiento, contienen licopeno, un antioxidante que funciona como protector solar interno. Los naranjas —zanahoria, calabaza…— son ricos en carotenoides que aportan luminosidad y elasticidad. Los verdes, como el brócoli, la rúcula o las espinacas, son detox; y los azules o morados, como los arándanos, antiinflamatorios. “Los vegetales crucíferos, como el brócoli, las coles o la rúcula, son mis favoritos”, confiesa la experta. “Ayudan a activar genes antioxidantes y de detoxificación; son de mis alimentos favoritos para la piel”.
¿Y, qué alimentos pueden perjudicar la piel?
En el lado opuesto están los alimentos que aceleran el envejecimiento. El principal: el azúcar. “Por tres motivos”, explica la experta. “Primero, porque se une a las proteínas —incluido el colágeno— y las ‘carameliza’, formando compuestos llamados AGE que envejecen la piel desde dentro. Segundo, porque promueve la inflamación crónica, que acelera el daño celular. Y tercero, porque altera el microbioma intestinal, afectando el equilibrio de bacterias que también influyen en la piel”. Esas bacterias producen moléculas que viajan por el cuerpo y pueden mejorar o empeorar la salud cutánea. “Por eso, el exceso de azúcar —especialmente el refinado o blanco— es tan perjudicial”, añade Aronica.
¿Y entonces, qué pasa con el azúcar de la fruta? “Si proviene de la fruta entera, no hay problema”, aclara. “La fibra modula su absorción y aporta fitonutrientes protectores. El problema aparece con los zumos o el consumo excesivo, porque el azúcar se absorbe demasiado rápido y se pierde el efecto beneficioso de la fibra. No es lo mismo comer una naranja que beberla”, incide.
¿Podemos reprogramar los genes? La epigenética aplicada a la belleza
Para entender cómo influyen nuestros hábitos en los genes, Aronica propone una metáfora simple: “Piensa en tus genes como el hardware de un ordenador y en la epigenética como el software. No puedes cambiar el hardware, pero sí puedes reprogramar el software con tus decisiones diarias: lo que comes, cómo te mueves, cómo manejas el estrés… Por ejemplo, al dormir se activa el sistema parasimpático y permite la reparación celular. Sin descanso, la piel simplemente no puede recuperarse. Ese tipo de decisiones diarias —como priorizar el descanso o cuidar la alimentación— marcan la diferencia; por eso, dos gemelos pueden tener una piel completamente diferente». Esa lógica también se está trasladando al mundo de la cosmética. “Hoy existen ingredientes que actúan como nutrientes tópicos. Tras años de investigación, se han identificado compuestos capaces de reactivar genes que suelen apagarse con la edad. El futuro pasa por combinar la nutrición interna con buenos hábitos y cuidado externo, y así influir en la piel desde dentro y desde fuera”.
El futuro: personalización genética para vivir más y, sobre todo, mejor
Al preguntar a la experta por el futuro del cuidado de la piel, su respuesta es clara: la ciencia avanza hacia un modelo de bienestar personalizado, donde cada persona podrá “reprogramar” su propio software genético. “Cada vez más gente comprenderá que la comida no solo es energía, sino una herramienta para modular la expresión de los genes y ralentizar el envejecimiento”, afirma, y adelanta que existirán tests genéticos que permitirán ajustar la dieta y el estilo de vida a las necesidades de cada individuo. “Hay personas que necesitan más colina o más donadores de metilo, y si no los obtienen, sus mecanismos epigenéticos no funcionan correctamente. El futuro del bienestar consistirá en identificar esas diferencias y adaptar la alimentación de forma personalizada. En vivir más, pero sobre todo mejor. Porque la verdadera longevidad no consiste en añadir años a la vida, sino vida a los años: salud, energía y bienestar”.

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