01/07/2026

Experto en cuidado capilar: “Que un champú sea natural no significa que sea ni mejor, ni más seguro, ni más eficaz”

El consejo de un farmacéutico experto en cuidado capilar

Seamos sinceros: a menudo, caemos en la trampa de pensar que cuanto más compleja, larga y sofisticada es una rutina, mejores serán los resultados. Extrapolamos esta idea a casi todo; al entrenamiento físico, al cuidado facial y, cómo no, también a la rutina capilar. Sin embargo, como sentenció en su día el prestigioso arquitecto modernista Ludwig Mies van der Rohe, menos es más. Y en estas lides, también. Así lo defiende el enfermero experto en cuidado capilar y divulgador científico Unai Calero, quien insiste en la importancia de tratar el cabello y el cuero cabelludo con criterio y conciencia, sin someterlos a estímulos constantes ni saturarlos con más productos de los necesarios. Según está premisa y como adelanta, una rutina eficaz no es por definición la que más pasos acumula, sino la que responde a necesidades reales y respeta el equilibrio natural del cuero cabelludo. Y eso pasa, siempre, por empezar por lo más básico: elegir el champú correcto.

El champú, el primer paso (y el más importante) en cualquier rutina capilar

El champú debe pensarse primero en función del cuero cabelludo, y no de la estética de la melena. Es, sobre todo, un producto de higiene para la piel del cuero cabelludo, que debe adaptarse al nivel de grasa, a si la piel es sensible, a si hay tendencia a descamar y a la frecuencia de lavado. Después y solo después, completamos la rutina con acondicionadores, mascarillas o sérums para cuidar la fibra, esta vez sí de medios a puntas”, explica Calero, y continúa: “Muchas personas llegan a consulta convencidas de que, por ejemplo, tienen el pelo seco, y cuando exploramos el caso nos encontramos con un cuero cabelludo graso, incluso irritado o castigado por productos poco adecuados”. En esos escenarios, añadir más mascarillas, aceites o sérums no solo no soluciona el problema, sino que lo perpetúa. El enfoque, incide, debe ser otro: simplificar la rutina, ajustar el champú y tratar la piel del cuero cabelludo como lo que es, piel. “Cuando se corrige eso, el cambio es radical”, apunta.

En este contexto, la evolución del cuidado capilar en la última década juega a nuestro favor. “En los últimos años, los profesionales hemos pasado de hablar de champús “para ciertos problemas”, como pueden ser la descamación o la caída, a hablar de cómo hacer llegar los principios activos al entorno del folículo. Ahí es donde la tecnología de formulación está marcando una gran diferencia”. Así, conceptos como el biomimetismo están cada vez más presentes en la conversación. “Cuando hablamos de biomimetismo nos referimos a fórmulas que imitan componentes propios de nuestra piel, como ciertos lípidos o azúcares, para reforzar la barrera cutánea del cuero cabelludo”, explica el experto. ¿El objetivo? Crear un entorno más estable, menos inflamado y más favorable para el folículo piloso.

Champú reparador, de Kerasilk Essentials

Champú fortificante enriquecido con seda biomimética e hyaloveil, un tipo de ácido hialurónico avanzado y modificado con bioingeniería conocido por sus propiedades hidratantes y protectoras, capaz de adherirse a la superficie del cabello.

Natural no es sinónimo de mejor (ni de más seguro)

Y aquí llega uno de los mensajes más contundentes –y necesarios– de su discurso: “Que un producto sea natural no significa que sea ni mejor, ni más seguro, ni más eficaz”. En tricología, señala, se repiten dos extremos que no ayudan: la demonización de todo lo que suena a “químico” y la idealización de cualquier producto que se etiquete como “natural”. “Es cierto que algunos ingredientes de origen natural pueden ser excelentes para el cuero cabelludo y la fibra capilar, pero otros pueden resultar irritantes, fotosensibilizantes o poco estables”, aclara. Al mismo tiempo, muchos ingredientes desarrollados en laboratorio cuentan con décadas de uso, estudios sólidos y perfiles de seguridad muy bien establecidos que los avalan. “Un producto natural bien formulado, testado y adecuado para un cuero cabelludo concreto puede ser una opción excelente. Pero si no lo está, el hecho de ser natural no lo convierte automáticamente en mejor elección. Lo que importa, por tanto, no es si un ingrediente viene de una planta o de un laboratorio, sino qué evidencia respalda su eficacia y cómo está formulado el producto en su conjunto”. Tener esto en cuenta a la hora de elegir nuestro champú es el verdadero aval del éxito capilar.



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