21/05/2026

Experto en respiración: “Igual que a nadie se le ocurriría comer por la nariz, no deberíamos respirar por la boca”

La clave (desconocida) de la longevidad

En la década de los 80 se investigó la correlación entre la capacidad pulmonar y la longevidad. Para ello se recabaron datos de 2.500 sujetos a lo largo de dos décadas, y se llegó a la conclusión de que el mayor indicador de la esperanza de vida no era la genética, ni la dieta, ni el ejercicio que cada uno hiciese en su día a día (aún siendo estos factores completamente condicionantes, claro). Era la capacidad pulmonar. Tener una buena función respiratoria significa que más oxígeno llega a todas las células del cuerpo, lo que afecta a todos los sistemas (nervioso, cardiovascular, digestivo, inmune, músculo-esquelético). Y aunque es cierto que a partir de los 30 años disminuye de forma natural, ese declive no es ni inevitable ni uniforme; se puede frenar e incluso revertir. Así lo asegura Mercedes de la Rosa, fundadora y CEO de Zentro Urban Yoga, que insiste en que, como cualquier otro músculo, el diafragma también se puede entrenar. “Y es fundamental hacerlo, porque una persona con un buen funcionamiento pulmonar envejece más despacio a nivel celular”. Algunas prácticas que pueden ayudar, según la experta, son el ejercicio aeróbico, el yoga (puesto que mejora la postura, y una posición encorvada puede reducir la capacidad pulmonar hasta en un 30 %) y, por descontado, evitar la respiración bucal.

Rubén Sosa, experto en respiración y colaborador del programa Webalance de Barceló Hotel Group, secunda la moción: postura y respiración funcionan en doble dirección. “Una mala postura empeora la respiración y una mala respiración empeora la postura. Por ejemplo, pasar muchas horas sentado, encorvado delante del ordenador, comprime el diafragma y limita la expansión pulmonar. En cambio, cuando una persona recupera una respiración nasal, lenta y diafragmática, a menudo automáticamente se coloca más erguida, con menos tensión y una mayor sensación de ligereza corporal”. Además, aprender a respirar no solo alarga la esperanza de vida, también la mejora. Diego Serra, osteópata estructural, craneal y visceral, incide en que influye mucho más de lo que a priori se piensa. “Con cada respiración movemos el cuerpo entero, por tanto, si no es buena, este va a perder movilidad, encogiendo y contracturando los músculos, afectando a la estructura ósea, al sistema nervioso (lo que se traducirá en un aumento del estrés y ansiedad) e incluso a la movilidad y función de ciertos órganos internos”. Por tanto, parece claro que prestando atención a nuestra respiración mejoraremos nuestra calidad de vida, pero ¿cómo podemos conseguirlo y, sobre todo, qué es lo que estamos haciendo mal? Los expertos responden.

Respiración nasal aprender a respirar

Jens Ingvarsson

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