La tendencia social se encuentra en alza y se alinea con el interés por una manera de vivir (el de las esposas tradicionales) que ya tuvo su eco en los sentimientos antilaborales que surgieron durante la pandemia. Sin embargo, el estilo de vida que triunfa en redes sociales, el que venden influencers como Nara Smith, es más “una especie de propaganda”, como describe Burke, que una realidad. Y parece apelar a un sector de la población muy concreto tal y como recogía un artículo de The New York Times en el que hablaban con universitarias cuya aspiración era ser amas de casa: “Como han visto tantas veces antes las activistas por los derechos de la mujer y los historiadores, a las jóvenes les resulta catártico culpar al feminismo por no haber logrado resolver sus problemas”, recogía el diario.
La apropiación que hace la moda de la imagen de las amas de casa es harina de otro costal un poco controvertido. ¿Es posible descontextualizar esta estética de los valores conservadores con los que se ha asociado históricamente? Las opiniones de las expertas son de lo más dispares. Para Parkins, los diseñadores lo abordan desde un punto irónico, pero no puede desvincularse de dichas ideas. Según Burke, se trata de una discusión que no lleva a ningún punto: “No es viable alinear tu política con cada cosa que haces. Si te gusta llevar un vestido, no tiene por qué significar nada”, medita. En este punto coincide con Camille Moore, copresentadora del pódcast The Art of the Brand: “Se trata de un lenguaje visual, no de un manifiesto político”, comenta, enmarcando la tendencia en un retorno genérico a la tradición que parece apelar especialmente a la generación Z. “Creo que las estéticas vinculadas a la tradición no se oponen intrínsecamente a las ideas feministas. Plantearlo como un enfrentamiento entre ‘esposas tradicionales’ y ‘esposas feministas’ crea una falsa dicotomía”. Para esta experta en estrategia de marca, la imagen clásica de ama de casa es en sí misma neutral y son los valores de cada firma y su ejecución los que determinan el mensaje. Que algunas compañías intenten hacer caja con esta propuesta siendo más afines a ideales progresistas para ella no es una desconexión, sino una alineación con lo que les rodea. “Las marcas se hacen eco del momento y responden a lo que los consumidores desean”, sostiene. De este modo, Moore ve alianzas como la de Marc Jacobs con Nara Smith o la de Ralph Lauren con el marido de esta, el modelo Lucky Blue Smith (al que invitó a desfilar en 2024) como parte de una estrategia más ingeniosa que arriesgada: “Jugar sobre seguro es aburrido y cuando estás intentando captar la atención, necesitas algo atrevido”, declara. “Las marcas dispuestas a abrazar figuras que generen conversación cultural son las que se mantienen relevantes. La controversia no es el objetivo, sino la resonancia que puedan conseguir”.

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