Cuando se anunció que The Shards, la adaptación de Los destrozos de Bret Easton Ellis a la pantalla, estaba en camino, me eché a temblar. Al libro llegué un año después que los fans más acerrimos del autor y porque amigos en los que confío me lo recomendaron encarecidamente. Hacía años que no cogía nada de Easton Ellis, asociaba su literatura a una primera juventud que ya quedaba muy atrás. Glamourama o Menos que cero me acompañaron durante una temporada en la que yo creía que algún día podría pertenecer a ese mundo algo sórdido y lujoso, pero llegó el trabajo, las obligaciones, y mis lecturas, más escasas por culpa del tiempo, viraron hacia otros terrenos.
Pero me encontré con Los destrozos en la Feria del Libro de 2024 y me lancé a por él ese mismo verano animado por las recomendaciones. Me hizo esta novela reencontrarme con una historia de adolescentes pasadísimos de vuelta, pero también con ese Los Ángeles de principios de los 80 tantas veces reflejado en la obra de Bret Easton Ellis. Pijos insoportables de Beverly Hills que siempre toman la peor decisión por su propio egoísmo, pero aquí, además, amenazados por un asesino en serie –y por productores de cine sin escrúpulos con querencia por los menores de edad– que estás deseando que los encuentre y te los saque de la narración. Esos mismos sentimientos encontré al asomarme a los dos primeros capítulos de The Shards, una producción que a priori me generó cierto rechazo por culpa de un póster demasiado estridente y, por qué no decirlo, feo, pero una serie con la que me congracié tras ver las primeras imágenes que ofreció en exclusiva esta misma revista.
Y el veredicto es que esto no defrauda en absoluto. Sin hacer spoiler, más allá de la sinopsis que se ha compartiendo y teniendo en cuenta que esto adapta un best seller leído por millones, el tono de la novela está cazado al milímetro y no es algo que deba extrañar. El propio Bret Easton Ellis se ha involucrado al máximo en el proyecto. Produce Ryan Murphy, algo que podría haber sido desastroso, pero que aquí funciona. Nadie como él para darle el toque de oscuridad y morbo a esta historia que lo necesita, sí, pero que es mucho más. La pandilla de populares del instituto está tan bien construida que perfectamente podrían ser jóvenes de los 80, todo un acierto ese casting de adolescentes despreocupados que están más pendientes de tomar drogas extrañísimas en una fiesta que de preocuparse por las desapariciones en un momento como este, “la edad de oro de los asesinos en serie”, tal y como ellos mismos dicen al recordar los crímenes de Charles Manson que tuvieron lugar solo una década atrás que la acción.
Es Igby Rigney el encargado de dar vida al propio Bret Easton Ellis, un acierto de casting de una serie que no es biográfica, pero en la que hay mucho de la tardoadolescencia del autor, un niño rico de Los Ángeles con padres ausentes. Homer Gere es el inquietante Robert Mallory y Kaia Gerber la perfecta Susan Reynolds. Hayes Warner y Graham Campbell completan el reparto como Deborah Schaffer y Thom Wright. Justo en el elenco anida una de las fortalezas de esta serie, que también ha dado con lugares en la ciudad californiana en la que se desarrolla que parecen anclados en el tiempo y con prendas vintage de Gucci o Versace que redondean unos looks perfectos.

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