04/08/2026

¿Hay algo en el ‘beat’ del tecno que nos guía hacia la relajación y el autoconocimiento?

Hablemos de los beneficios del tecno

La demonización del bakalao durante los años 90 ha virado hacia un creciente deseo de bailar a ritmo de beat. Pero si el público masivo ha acabado acercándose a esta cultura underground –el éxito de Sirat lo corrobora–, no ha sido solo acudiendo a las pistas de baile, también a través de la industria del bienestar, que ha incorporado este saber milenario a sus preceptos. Tiene sentido. “En todas las civilizaciones se han utilizado melodías y bailes para alcanzar el éxtasis”, adelanta Januman García, músico y DJ que desde hace más de dos décadas organiza sesiones de Ecstatic Dance, una práctica con la que expresarse (y liberarse del estrés diario) a través de la danza libre. “En 2003, asistí a un encuentro en Tailandia. En aquel momento, yo era multiinstrumentista y pinchaba en mis ratos libres, pero aquel formato me enamoró y decidí dedicarme de lleno a ello”, detalla.

El intérprete, que organiza cada año unos quince encuentros de unas tres horas –el resto son contrataciones–, convoca a un grupo de personas que pueden acudir solas o acompañadas. “Es fundamental encontrar una sala que disponga de las condiciones óptimas para que los participantes bailen a gusto. Yo busco suelos de madera, tarima flotante o vinilo; materiales que no sean abrasivos. Así, pueden rodar o desplazarse por ellos”, aclara.

Tras el círculo de bienvenida, se pone en marcha una dinámica de activación y calentamiento para ir conectando con el grupo –lo que García llama “ir haciendo tribu”–. Lo siguiente será vincularse con las emociones de cada una y las de los otros, poniendo toda la atención en la música y conectando con ella a través del cuerpo. Por eso es preferible bailar con los pies descalzos y permanecer en silencio durante toda la práctica, sin juzgar nuestros movimientos ni los que ocurren a nuestro alrededor. “Se trata de practicar un baile libre, sin metas ni estructuras, dejando que el cuerpo fluya”, detalla García. Según explica, para algunos de los asistentes, estas sesiones funcionan “como una meditación activa que les ayuda a lidiar con el estrés y alcanzar un estado de serenidad”.

Porque estos encuentros, que el músico denomina “espacios de libertad, creatividad y conciencia”, funcionan mejor si la espontaneidad lo impregna todo. Un requisito que también opera en su caso. “Se puede combinar la electrónica con la música acústica para que la sesión se enriquezca aún más. Es cuestión de improvisar. Yo empiezo tocando instrumentos en vivo; después, pincho temas de otros artistas o producciones propias, y por último mezclo esos dos formatos”.

Pero aunque García explora multitud de géneros (y no todos pertenecen al ámbito de la electrónica; como por ejemplo, el world music, el jazz o la música clásica), tiene claro que los momentos más ‘raveros’ son los que permiten que los participantes trasciendan sus propios límites y alcancen ese estado extático tan buscado. “En los picos de la práctica, durante las olas centrales, algunas de las pistas suelen ser electrónicas –tecno o psytrance–, porque los patrones más repetitivos fomentan el estado de trance”, aclara.

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