Especializado en alta cocina libanesa, Em Sherif trae al corazón de la capital la tradición culinaria –en su versión más elevada y contemporánea– del Mediterráneo Oriental. Y prometo que la propuesta es capaz de deleitar a los paladares más exigentes. La carta está pensada para compartir, por lo que es perfecta para degustar diferentes elaboraciones y disfrutar de una mesa llena de comida deliciosa (¿a quién no le va a gustar?).
Para dar comienzo al festín están los mezze –uno de los pilares de la gastronomía libanesa–, entre los que destacan el Tabbouleh, una ensalada cítrica de perejil; el Fattet Batenjen, una delicia a base de berenjena, yogur, albahaca, melaza de granada, piñones, y pan libanés crujiente; o el que para mí fue la estrella de los entrantes, un Hummus clásico coronado con piñones tostados (te prometo que no dejarás nada en el plato).
La carta de Em Sherif es extensa, y se compone de clásicos de la tradición culinaria libanesa pero, también, de algunas recetas reinterpretadas, por lo que hay opciones de sobra para todos los gustos y preferencias. Al estar en verano, mi recomendación es que continuéis por platos frescos y ligeraos, como el Kibbeh Nayyeh –un tartar de ternera al estilo libanés–, o la Ardishawkea–una alcachofa a la brasa con guisantes, habas, aceitunas, piñones y salsa tarator– para culminar con alguno de sus principales a la brasa. Yo escogí el Pollo picanton marinado a la parilla con crema de ajo y sigo soñando con él desde entonces.





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