01/06/2026

Javier Collazo, diseñador: “Puedes tener el delirio más bonito del mundo, pero alguien tiene que contestar los mails contigo”

Para Javier Collazo (Huelva, 2000) todo empezó en Nueva York. Allí aterrizó “casi por accidente” su primer trabajo en la industria de la moda: siguió a su pareja de entonces hasta la Gran Manzana justo cuando empezaba la universidad en Madrid y Luis de Javier apareció en la ecuación. “Estaba preparando su colección debut en la ciudad y le escribí para ayudar. Así acabé trabajando en el show”, cuenta el diseñador acerca del instante en el que arrancó su andadura. “Fue una experiencia increíble porque estaba empezando la carrera y Luis era, y sigue siendo, una figura muy importante para mí. Ver de cerca cómo se construía un desfile me hizo soñar muchísimo”.

Esa motivación recién obtenida le llevó hasta las oficinas de Mugler en París, donde se dio cuenta del poder que tienen los desfiles para crear momentos decisivos. Después, Ludovic de Saint Sernin le tendió la mano de vuelta en Nueva York para afianzar la atención al detalle, la precisión y la importancia de tomarse muy en serio todo lo que hace. Oportunidades encontradas, en su caso, con un punto de caos. “Lo hice de una forma bastante poco institucional: me iba por temporadas, faltaba a clase y luego volvía con asignaturas pendientes que tenía que recuperar”, admite acerca del proceso —tan poco habitual con efectivo— que ha seguido hasta ahora.

Ni las recuperaciones ni las clases pendientes le impidieron graduarse el año pasado en Diseño de Moda por el IED Madrid y convertir su TFG, la colección bautizada como Jinetero [nombre que reciben en Cuba las personas dedicadas a la prostitución, específicamente con extranjeros], en un hito con el que asentó las bases de su firma homónima. Con ella consiguió saltar de estudiante a diseñador en pocos meses, de una manera que define como “bastante violenta, pero en el buen sentido”. “Creo que cuando sales de la universidad tienes una especie de fantasía romántica sobre “empezar”, pero en mi caso no hubo transición”, cuenta sobre el éxito que recibió prácticamente de inmediato, gracias en gran medida a su exposición en redes sociales. “Terminé la colección, la presenté, y de pronto la marca empezó a existir antes incluso de que tuviera una estructura real para sostenerla”.

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