Jean Paul Gaultier opina sobre el debut de su sucesor, Duran Lantink: “Me conmovió mucho su propuesta, me recordó a mis inicios”
«Criticar un desfile desde el sofá, viendo fotos de pasarela y la retransmisión en directo, me parece una manera peligrosa de juzgar el trabajo de un creativo», escribió Edward Buchanan en Instagram a principios de este mes. Y añadió: “Por favor, tened cuidado con el lenguaje hiriente… y, sobre todo y por favor, repasad vuestra cultura e historia de la moda antes de intentar criticar el presente solo por conseguir clics”.
No es casualidad que Buchanan, periodista íntegro como es, publicara su artículo al día siguiente del desfile de Duran Lantink para la casa Jean Paul Gaultier. Para entonces, el desfile había provocado una oleada de airadas condenas en internet, con mucho opinador ofendido sobre todo por las mallas de cuerpo entero estampadas con la imagen (peluda) de un cuerpo masculino (totalmente) desnudo, llevado por una mujer. Incluso en el propio desfile, algunos espectadores consideraron que la primera colección de Lantink de prêt-à-porter desde hacía una década desafiaba demasiado su sensibilidad. Como relataba Nicole Phelps en su reseña: Después, se pudo oír a un redactora escandalizada: «¿Qué ha sido eso?».
Se trataba de un desfile sobre el que todo el mundo –desde los pseudocríticos de moda reaccionarios que campan por las redes sociales hasta los experimentados profesionales de la industria con los esquemas rotos– parecía tener algo que decir. En Vogue Runway, sin embargo, había un punto de vista que queríamos escuchar por encima de todos los demás: el del propio Jean Paul Gaultier. El diseñador, de 73 años, asistió al desfile y al parecer quedó cautivado, pero se escabulló entre la multitud antes de que pudiéramos acorralarlo para interrogarlo. Sin embargo, justo antes del fin de semana, atendió a nuestra llamada y mantuvimos una conversación que comenzó con polémica y se extendió luego a múltiples temas. Esto es lo que nos contó, editado y condensado para mayor claridad.
Parecías muy afectado después del desfile, muy emocionado.
Sí, es cierto, me conmovió mucho su propuesta. Porque me recordó a mis inicios, a cuando empecé. Esa energía que tenía, la forma de entender la ropa. Es curioso, pero creo que la gente de ahora conoce sobre todo mi alta costura y no entiende realmente cómo era ese enfant terrible que era yo al principio. Y para aquellos que decían tras el desfile de Duran: ‘Esto no es Gaultier’: ¡gran error! Al final me sentí muy emocionado, pero también feliz al mismo tiempo, porque era como un renacimiento en cierto modo, ya sabes. Sentí mi antigua energía.
¡Es una buena sensación!
¡Sí!
Las críticas negativas parecían divididas entre los que mencionas que se sentían ofendidos porque no coincidía con su idea de Gaultier, y los que se sentían ofendidos mucho más ampliamente por la colección, que les parecía demasiado exagerada y demasiado transgresora.
Sí, pero al principio yo era muy transgresor, y la gente también rechazaba lo que hacía. Recuerdo que al principio, en mi primer desfile, no vino nadie. En el segundo, vino parte de la prensa británica y también la japonesa, e incluso algunos hicieron buenas críticas. Pero no vino ningún francés.
En tu primer desfile presentaste tus joyas de lata de comida de gato, ¿verdad?
Exactamente. La historia es que un día estaba abriendo una lata de comida para el gato. Era de las que había que girar con una llave para abrirla, y era una lata bastante grande. La miré y me dije: «Qué bonito, parece una pulsera». ¿Y sabes las bolas de metal que se usan para hacer té? Las usé para hacer pendientes y cosas así. ¡Así que toda mi colección era de alta tecnología! ¿Y conoces los ceniceros automáticos? Los usaba de bolsos o cinturones. Tal vez no era muy práctico, pero era una idea original.
Eso fue muy al principio, ¿verdad?
Sí. No tenía dinero, no tenía nada, así que usaba lo que tenía a mano, incluso basura. Hice un vestido con bolsas de basura. Utilizaba tela vaquera vieja para hacer un vestido, así que en cierto modo ya estaba reciclando, y utilizaba objetos como joyas.
Duran dijo que no quiso mirar tu archivo para poder hacer una interpretación mucho más emocional de tu obra. Pero había muchas odas sutiles a tus códigos…
Creo que sí. Digamos que la inspiración fue quizá Gaultier, pero creo que también la suya. Lo que hizo fue reinterpretar. Por ejemplo, el cuerpo, que era muy velludo. Yo por supuesto que he hecho desnudos, ¡pero no con tanto vello! Quiso poner su acento. Aporta algo más. No es una copia, en absoluto, pero sí hay cierta alusión.
Cuando la prensa –incluso la francesa– empezó a acudir con regularidad a tus desfiles, tu también fuiste objeto de unas cuantas polémicas, ¿verdad?
Sí. Había revistas como Le Figaro que, cuando empezaron a escribir críticas sobre mí, decían “una y no más” y cosas así. Pero empezaron a hacer críticas más constructivas cuando se enteraron de que un inversor japonés había puesto dinero en mi empresa. Eso les hizo cambiar de opinión, porque para ellos me volvía más pasable. Pero al principio el shock fue sobre todo en la prensa francesa, que era más conservadora. Los ingleses y los japoneses se interesaron y les gustó lo que contaba. Pero en Francia todo tiene que ser más…
Patrimoine?
Exactament! Tal cual. Respetuoso. Todavía no he hablado con Duran desde el desfile y todo lo que se ha dicho, pero quiero decirle que no se asuste ni se preocupe. ¡Aunque creo que lo que hizo en la colección demostró que no le da miedo nada!
Si con esto aleja a gente un tanto ignorante… ni tan mal
Antes no teníamos tanto miedo como ahora, y puede que ahora a veces haga falta tenerlo. Cuando empecé, había un público nuevo, joven, que aplaudía y apoyaba. Y el público más conservador estaba completamente aparte. ¡Ahora es un poco al revés!
¿Quién te apodó el enfant terrible de la moda?
Para serte sincero, no sé de dónde salió. Probablemente fue un periodista inglés. Pero nunca fue un insulto, sino todo lo contrario. Era un cumplido. ¡Ahora soy más bien el viejo unterrible! Pero yo estaba muy contento con eso, très content. ¡No quería ser parte del sistema!
Encontré un maravilloso documento en vídeo sobre tu desfile Chic Rabbis de 1993. Aquella colección sería difícil de vender hoy en día…
Surgió un día que estaba en el barrio judío de Londres, y creo recordar que vi a unos judíos muy ortodoxos vestidos de arriba abajo con los trajes de su comunidad y de su fe. Salían de un templo, era precioso. Me pareció muy fuerte la imagen de todos juntos, vestidos iguales. Era como decir: «Estamos todos juntos, somos así y no intentamos ser otra cosa». Aquello me impactó. Mi colección no era una agresión, al contrario. Hablaba de estar a gusto con quién eres, de sentirse uno mismo y estar orgulloso de uno mismo, ya sabes. Iba de abrir los brazos.
Generó un pequeño contratiempo en su momento, pero no llegó a ser un escándalo.
Nunca intenté ser polémico o provocador. Solo estaba olisqueando el espíritu de la época. Y eso es ser diseñador: no analizar demasiado, sino recibir visualmente. Pero también hay que recordar que antes solo había trabajado en casas clásicas: Jean Patou, que era muy conservadora, con muchos clichés: el dorado es muy bonito, el negro queda muy bonito sobre beis. Era una especie de chic sobre chic. Pero ¿qué significa eso? Cualquier color puede ser horrible o bonito; depende de qué hagas con él. Pero toda esa mentalidad, lo que era la alta costura, ¡oh là là là là là là là!, yo sentía que no era para mi generación.
Creo que lo que haces es el fruto del espíritu de tu época, pero no te das cuenta. Me interesaban las chicas que eran diferentes, con una actitud, un gesto y una forma de moverse distintas. Era un poco la época del punk. Iba mucho a Londres, donde la gente era mucho más expresiva que en París. Cada tribu tenía su propio estilo: los Teddies, los skins, los punks, por supuesto –los de verdad, los británicos–, y Vivienne Westwood, que era alguien muy importante y que me impresionó mucho. Los ingleses dicen mucho con su ropa. Cuando iba allí, sentía esa energía.
Tu visión del hombre como objeto de deseo fue un concepto radical en las pasarelas. Estoy pensando en la reacción a Et Dieu Créa l’Homme de 1985. Al parecer, The New York Times citó a un crítico que la calificó de «repugnante».
Esto era por la égalité entre hombre y mujer. Porque siempre el objeto era la mujer.
O el año anterior, Barbès…
Si hacía un corsé, era porque me parecía una prenda bonita, hermosa. Pero también quería mostrar un tipo de feminidad. Y la mujer que yo mostraba era moderna. Así que había ropa muy femenina, a veces sexual, pero también proponía que la mujer es quien debe decidir si quiere o no ser un objeto. Es ella quien decide. Hablaba de no estar bajo el poder de ningún hombre. Era una mujer que lo llevaba por placer.
Tengo un amigo que salía mucho por los clubes de París en esa época y que me decía –suavizándolo un poco– que si veías a alguien vestido de Gaultier, sabías que estaba en tu onda.
Eso es bueno, ¿no?
Y también me recomendó Querelle, de Fassbinder, como una película que encarnaba ese espíritu.
¡Gran película! ¡Buenísima! Y yo quería mostrar eso, sí. Porque antes, los hombres tenían que tener poder o dinero. Y las mujeres tenían que ser seductoras, un objeto y nada más. Así que me dije, vale, mi hombre va a ser un objeto masculino. Si las mujeres son objetos, los hombres también pueden serlo. Y las mujeres tienen derecho a que les gusten los chicos sexis, no es solo un privilegio de los hombres.
¿Es cierto que enviaste un pavo vivo a un editor que te hizo una crítica muy poco amable?
¡No!, fue una broma muy mala que se malinterpretó. Todas las Navidades, las casas enviaban algún regalito a los periodistas, como una tarta, adornos o champán. Y un año pensé, ¿por qué no les envío un pavo? Así que encargué pavos vivos para enviarlos a cada revista. Solo después me di cuenta de que todos los pavos que teníamos eran preciosos, pero enormes. Imagino que más de uno se llevaría una sorpresa desagradable al abrirlo en la oficina.
Lo que lleva a pensar en los caballos de tu último desfile para Hermès. Diseñar para la casa francesa más importante también fue bastante radical, ¿no?
Oui! Hermès fue una experiencia que me encantó. Lo que pasó fue que Martin Margiela, que había sido mi ayudante, se fue a Hermès. Así que fui a sus desfiles y me encantó lo que hizo allí. Era perfecto. Casualmente, yo también estaba pensando cuál sería mi visión de Hermès. Y entonces, todo al mismo tiempo, Hermès adquirió parte de mi empresa [una participación del 35% de la firma Gaultier en 1999], así que conocí al presidente, una persona fabulosa, Jean-Louis Dumas, muy creativo. Otro día fui al desfile de Martin –y bravo, fue géniale– y al terminar Jean-Louis Dumas me dijo que Martin se marchaba y me preguntó quién creía yo que podía sustituirle. Así que sugerí algunos nombres como Ann Demeulemeester –que podría haber sido muy buena– y al poco le dije: «¿Y por qué no yo?». Era como un juego, un reto, trabajar en algo tan contrario a mí. Pero vi que Martin lo había hecho muy bien. Y aunque era un riesgo, me encantó. La casa era como una maison de couture; con una calidad superbe, y les gusta mucho lo hecho a mano y la discreción, ¡esa discreción se me hacía muy rara!
Trabajaste con Pierre Cardin, y aunque no se le conoce mucho hoy día fue una de las grandes estrellas de la moda francesa de los años sesenta y setenta.
Cardin era increíble. Empecé allí cuando cumplí 20 años, el 24 de abril de 1972. En aquella época eran él y Saint Laurent. Era más o menos el final de Courrèges, que era fabuloso, revolucionario, y había creado tres nuevas estructuras. En Cardin todo era posible. Me enseñó la libertad. Cortaba el vestido sin dobladillo incluso antes que los japoneses. Estaba inventando todo el tiempo, hacía cosas mal. Y yo pensaba: «Dios mío, ¿qué está haciendo?«. Él era fantástico porque era muy libre, y esa fue mi escuela, mi maestro. Me enseñó que se pueden reinventar las cosas, y que todo es un juego.
Ahora que sigues siendo terrible pero ya no eres exactamente un enfant…
…¡No, no del todo!…
…si comparamos la moda que se hace ahora con la de 1972, ¿qué es lo que ves?
Creo que siempre hay diseñadores que tienen algo que decir y algo que demostrar, a veces sobre todo a sí mismos. Todos necesitamos la creatividad. Vale que hay estos grandes grupos, pero saben que les sigue haciendo falta la creatividad. La moda no es como cuando yo empecé, porque ahora todo el mundo puede ir un poco a la moda, quizá por eso ya no es tan importante ir a la moda, ¿no? Y ahora ser director artístico de una casa de moda es un trabajo importante, pero ya no se trata tanto de la ropa, sino más bien del universo y el punto de vista de la casa.
Duran parece muy volcado en expresar su punto de vista, pero muy a través de la ropa.
Sí. Y como he dicho antes, su colección para Gaultier me emocionó porque me hizo conectar de nuevo con mi lado más joven y el espíritu de mis comienzos, que quizá siga ahí en alguna parte.
Nos hacemos más viejos, pero el monólogo interior tiene siempre la misma voz…
Totalmente.









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