03/07/2026

Kelly Reichardt, directora de ‘The Mastermind’: “Estados Unidos está en el hoyo ahora mismo, aunque quizá logremos salir de él. Mientras tanto, siempre nos quedarán las películas”

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Ryan Sweeney; cortesía de Mubi

¿Por qué elegiste los cuadros de Arthur Dove para el robo?

Al principio los metí porque me gusta Arthur Dove, y me vino fácilmente a la cabeza. Luego, a lo largo del año que estuve trabajando en el guion, probé muchas cosas diferentes. Pero cuantas más cosas probaba, más se confirmaba lo primero. Probé paisajes, retratos, todo tipo de cosas. Sabía que quería algo estadounidense y abstracto. Me gustaba la idea de que los cuadros de Dove pudieran parecerle muy valiosos a una persona y a otra, en absoluto, como ocurre con el padre de Mooney. Que dos personas no vieran lo mismo. Además, el nombre queda muy bonito en mi película. Encontré una imagen de una inauguración de Dove en una galería en 1970, y me encantó que, aunque no era muy popular en la época, es concebible que hubiera tenido una exposición.

La estética y la textura de la película son muy bonitas y distintivas. ¿En qué te inspiraste visualmente?

La mujer de Robby Müller [director de fotografía] me envió una Polaroid ampliada que disparó él y la tengo en casa desde hace años, y estuve revisando otras obras suyas. Me gustaron mucho los colores y la atmósfera visual que logró en El amigo americano. Por supuesto, la película analógica que se empleaba entonces ya no existe. Así que nos planteamos qué receta podrían preparar Chris [Blauvelt, su director de fotografía de cabecera] y su equipo para intentar crear algo parecido a las imágenes de la época. De la misma manera, Rob Mazurek grabó todo el sonido con equipos de entonces, e intentamos mezclarlo para que sonara a grabación mono. Fue intentar que todo tuviese la textura y el aire de la época. Si ruedas algo ambientado en 1970, no puedes evitar pensar en [William] Eggleston, porque todos lo llevamos grabado. También la fotografía de Stephen Shore. Amy Ross, la directora de vestuario, y yo le robamos un poco el look a Jasper Johns para Mooney.

El vestuario contribuye mucho a situarnos en el lugar y la época

Amy y yo pensamos en esa ropa que acaba por azar en el armario. A lo mejor tu madre te compra jerséis todavía, e incluso alguna camisa bonita. Alguien se deja algo en tu casa y tú te lo pones. ¿Y su mujer? ¿Lleva algo suyo? ¿Tiene alguna camiseta favorita de hace mil años? A los actores les ayuda verse con la ropa, y como en realidad no hago ensayos, siempre es divertido pasar el día con Amy y los actores, intentando imaginar por qué tendrían esas cosas.

¿En qué sentido crees que tu película nos conecta con la situación actual?

Cuando rodé la película hace un año, el mundo ni siquiera era el mismo que ahora. Esta mañana he recibido un mensaje sobre que el ICE ha deportado a un estudiante de Bard. Ahora voy a Chicago, y vivo en Portland, así que lo de las intervenciones de la Guardia Nacional…. Pero no creo que lo que estamos viviendo ahora sea comparable a lo que se vivió en los 70. Lo de ahora me parece algo inédito, al menos conforme a lo que yo he vivido. En los años 70, todavía tenías los tribunales, el congreso. El poder estaba más repartido. Ahora, en cambio, está completamente concentrado. Así que no creo que sea el mismo momento.

En otra entrevista te preguntaron hace poco por tus próximos proyectos, y tu respuesta fue “desentrañar y entender más a Estados Unidos”. ¿Es así como resumirías tu gran proyecto a largo plazo?

Es siempre una conversación en marcha. A veces quedo en Portland con [el guionista y colaborador habitual] Jon Raymond, así que ¿de qué más vas a hablar, si no es analizar lo que está pasando? De ahí surgen muchas cosas. Pero no sé. He de decir que vivimos un momento confuso, aunque en realidad no me parece tan confuso. Diría que es lo que parece, y a saber dónde nos lleva.

‘The Mastermind’ ya está en los cines.

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