Cuando Harry Styles se puso de rodillas al finalizar emocionado su último concierto en Reggio Emilia, pocos podían imaginar que aquello marcaría el comienzo de una pausa. Más de dos años de silencio para un artista que, en aquel momento, se encontraba en el cénit de su carrera: un joven de veintimuchos, con un ejército de fans repartido por todo el mundo y coronado por la crítica como uno de los reyes del pop actual. Nada hacía pensar en un paréntesis tan largo. Aunque, echando la vista atrás, quizás era una decisión más lógica de lo que parecía.
Kiss All the Time. Disco, Occasionally, su cuarto álbum de estudio, nace precisamente en este intervalo. Es un disco reflexivo, construido desde la calma y la experimentación, donde estas dos máximas logran convivir sin opacarse. No es el giro radical que algunos se imaginaban, pero sí una ruptura con el ciclo frenético de canciones a raudales, estribillos diseñados para atrapar en segundos y una carrera constante por alcanzar el número uno en el que tantas veces se ven envueltas las estrellas de la música. Hay algo admirable hoy en día en diseñar un proyecto no concebido en exclusiva para gustar a todo el mundo. Y también en cederle protagonismo a que las canciones respiren, se cuezan a fuego lento, y a permitir que el arte sea algo que no requiera necesariamente prisa.
Así parece haberse configurado este nuevo trabajo del británico, publicado justo en la fecha en la que se escribe este artículo. Un compendio de doce temas que se mueve entre la más pura introspección y la curiosidad por nuevos sonidos, así como entre la necesidad de parar mientras se sigue explorando. A continuación, algunas claves para comprenderlo.
Portada oficial de ‘Kiss All the Time. Disco, Occasionally’, el cuarto álbum de estudio de Harry Styles.
Ritmos que conducen hasta la pista
Techno, house, electrónica… Sobre el papel, los géneros que parecía que iban a marcar la obra tenían poco que ver con el pop-rock de sus trabajos anteriores. Tras el éxito masivo de Harry’s House, con el que ganó el Premio Grammy a Álbum del Año en 2023, las dos opciones eran claras: seguir esa misma tónica o dinamitarla. El resultado final, sin embargo, se sitúa en un punto medio.
Sí, hay bases que retumban con fuerza y beats mucho más marcados. También momentos muy concretos que destacan por su personalidad a nivel sonoro, como los sintetizadores ligeramente Bowiescos en Dance No More o la posible inspiración en un Daft Punk deslavado en Pop. Aunque el álbum no renuncia del todo a las melodías que siempre le han caracterizado. Pistas como Paint by Numbers o Coming Up Roses conservan una melancolía que podría sostenerse incluso si no estuvieran protegidas dentro del proyecto.

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