30/06/2026

Una década de Bad Gyal: más dura, ‘Más Cara’ y más ‘hitmaker’ que nunca en su segundo álbum

Ha llegado el momento de comentar sobre Bad Gyal con la misma tozudez y ‘rigor’ que algunos periodistas usaban para hablar de sus elegantísimos mitos del momento: Leonard Cohen, Lou Reed, Serge Gainsbourg o de alguna banda añeja de glam que manejaba el mismo nivel de hiperfemme que nuestra protagonista. Estaban en posesión de ‘la verdad’, seguros de que nadie les iba a toser. Si las certezas en el lenguaje ‘machi’ se traducen en cifras, tenemos la potestad de hacerlo. Alba Farelo (Vilassar de Mar, 1997), aka Bad Gyal, acaba de publicar su segundo álbum de estudio, Más Cara (2026). Su sexto trabajo si contamos mixtapes y epés, con más de 12,6 millones de oyentes mensuales en Spotify y tres giras mundiales desde 2022, La Joia Tour (x2) y Bikini Badness Tour. Se completarán ahora con la ruta de conciertos que inicia el 20 de marzo en Barcelona. Un triplete de fechas en el Palau Sant Jordi, que se replicarán en el Movistar Arena de Madrid, y seguirá hasta que conquiste el infinito, o tenga ganas de parar un poquito y volver a casa, sea en Barcelona o Miami.

Celebra una década de vida artística desde que publicó su versión de Pai de Rihanna en 2016 y efectivamente, cumpliendo con lo ineludible, Bad Gyal se ha vuelto cada vez más cara. Si en su anterior álbum La Joia (2024) –con documental incluído, dirigido por David Camarero– lo que destacamos fue su valor en quilates e inteligencia para los negocios, ahora se consolida su labor de trailblazer y que está cada vez más dura, con todo el peso y las connotaciones del término. Lo demostraba en sus impecables ejercicios abdominales durante la performance de los Premios Juventud en Panamá y en su pasada visita a La Revuelta, donde realizó sus ya icónicas elevaciones de piernas o hanging leg raises, sin rebajar ni un milímetro de pelo o de sonrisa. En lo creativo, el impecable tour de force viene en forma de 19 canciones para un disco redondo, donde se pueden distinguir influencias sonoras que harían palidecer a muchas otras estrellas del pop –urbano– al uso.

Por muy barbie que parezca, en lo musical tiene poco de impostado. Desde sus inicios, en materia de productores, ha trabajado con la avantgarde del underground, como Fakeguido, El Guincho, Florentino, Jam City o Dubbel Dutch. Si tiene buen gusto para la ropa, se le convalida también en la dirección musical del álbum, que corre a cargo del dominicano Cromo X, de la banda all-stars Los Sufridos, de la que remixeo Duro de verdad pt.2, una irresistible bachata callejera. También cuenta con la participación en las instrumentales de los responsables de los greatest hits urbanos de las últimas décadas, sean Tainy, Sky Rompiendo, Jorge Miliano, Luny Tunes, Nely El Arma Secreta y el resto de excelente curatoría. Para la dirección musical del show cuenta con su todo, Merca Bae, que desde 2019 la acompaña en las giras y es responsable de todas las mezclas y los arreglos del directo.

Lo que le gusta ella un localismo lo notamos en sus alegaciones para salvar la playa de la Barceloneta en el podcast de Astro Season o la última Gala de los Goya, donde recuperó la rumba catalana con la versión de La Rumba de Barcelona de Gato Pérez, junto a la formación Arrels de Gràcia y algunos outfits reivindicativos, desde el suyo de Paloma Wool a las camisetas de Top Manta y Sindicat de Llogateres. Pero sus raíces, de reina internacionalizada, se extienden mucho más allá. No es extraño verla montarse en un ritmo shatta, propio de la isla de Martinica, junto a Maureen en Tic Tac (Hour Love). Pudimos escuchar otros referentes del gènero como Whyneed con su On Fleek en su gira Bad Gyal Soundsystem de 2020 o Skit de La Joia, que bebe de las acepciones dancehall del Caribe francés. Hace unos meses, en sus stories, también la vimos practicando el baile del gouyad con un profesor de kompa, estilo nacido en Haití que podría recordar al reggaetón lento pero es más cercano a la kizomba angoleña y que adoptó en Última Noche junto a Ozuna. Un código musical muy instaurado en el mainstream francés, debido a la influencia por contagio que la inmigración a menudo tiene en sus países de ‘acogida’, para tratarlo con un slang suave.

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