Después de una pedida de mano junto a la familia en Badajoz, Raquel y Javier celebraron su boda el pasado 29 de junio en el Club de Golf Guadiana.
El vestido de la novia: un diseño de Inúñez
Para la ocasión, la novia se puso en manos de la diseñadora nupcial Inúñez. Como muchas novias de la temporada, apostó por la tendencia de los vestidos desmontables, que son aquellos que se van deshaciendo conforme pasan las horas para que parezca un look distinto de la ceremonia al baile. En su caso, la capa desmontable con aplique joya al cuello hizo que en el baile pudiese quedarse con un vestido asimétrico para la fiesta.
Palogoca
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En los pies se calzó unos zapatos blancos de tacón firmados por Pedro Miralles. Se los cambió en el baile, por unas cuñas de Pitusas. También para la fiesta se cambió los pendientes. Comenzó en la ceremonia con unos pendientes vintage prestados por su prima, heredados de su abuela y, más tarde se cambió a unos pendientes minimalistas de We are Candelaria, marca de sus amigas. “Solo le dije que quería algo “silvestre”, mucho verde con algún color vivo y nada de rosas. Me gustó mucho el resultado, muy yo. Llevaba colgado dos medallas que me regalaron mis primas, y una cinta que me regaló una amiga”, dice la novia.
La celebración: una cita en el campo de golf
En esta boda no hubo una temática como tal, los novios simplemente querían algo sencillo y natural. Para la organización, no contaron con ayuda de ninguna wedding planner. “Siempre decía que mis weddings eran mi madre, el apañadísimo de Javi y mi prima Cris”, dice la novia.
Sin embargo, el resultado fue lo que los novios siempre soñaron. Para las flores contaron Manu Fernández. “Llevé unos jarrones pequeñitos que utilizamos en la pedida, con idea de colocarlos como centro de mesa con flores coloridas. Del resto de la decoración se encargó María Jesús, directora de eventos del Golf desde hace más de 20 años”, explica.
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De las invitaciones se encargó Boncai y, para el resto de la papelería, se encargaron ellos mismos. “Los meseros y el seating plan lo hicimos mi madre y yo. Compramos papel de arroz y muchas flores que secamos durante varias semanas. Para los meseros escribí los números con acuarelas y flores pegadas alrededor. El siting similar, también hice los números con acuarelas y el nombre de los comensales los escribió a mano mi madre”, remata la novia.






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