Una boda en Galicia: el encanto de una celebración en las Rías Baixas
Una atmósfera mágica entre el mar y el verde profundo de las Rías Baixas fue el escenario elegido por Marta y Juan para celebrar su historia de amor. Con el Monasterio de Poio como telón de fondo para una ceremonia religiosa y el Invernadero del Pazo de Bueu como refugio para un banquete lleno de sensibilidad y detalles cuidados, su boda fue una oda al encanto gallego, la naturaleza y la belleza sencilla. Amantes del mar, de la música en directo y de las pequeñas cosas, Marta y Juan soñaban con una celebración que reflejara su manera de mirar la vida: con una especial sensibilidad hacia la estética, los detalles y el diseño.
La boda se celebró el pasado 31 de mayo. “Es casi imposible quedarnos con un solo momento de ese día. Las ganas, el amor y la ilusión de los que nos acompañaron fueron el principal motor de que todo fuese perfecto para los dos. Sin embargo, recordamos con especial cariño e ilusión el momento de la ceremonia. Juan y yo somos creyentes y quisimos darle a ese momento especial relevancia y amor. La preparamos de manera que pudiésemos tener un guiño tanto con los presentes como con los que ya no están pero igualmente sabíamos que nos estaban acompañando desde otro lugar. Cada oración y cada canción elegida tenía un sentido para nosotros. El momento de la salida de la Iglesia recorriendo el pasillo de la mano y con nuestro hijo Ignacio en los hombros de Juan, es una imagen que recordaremos toda la vida”, señala la pareja.
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Una celebración romántica inspirada en un “bosque encantado”
Durante la ceremonia, los novios quisieron evocar un bosque encantado, con naturaleza emergente creciendo y hiedras trepando por las diferentes estructuras del monasterio. “La naturaleza se apoderaba del espacio con un pasillo y escalera llena de velas”, nos desvela la novia. “Para la celebración, elegimos una temática romántica vintage, con elementos de decadencia elegante y dramatismo barroco. Con un importante mensaje de candelabros y luz indirecta de velas, telas superpuestas y manteles de encajes antiguos, jarrones de cerámica, elementos naturales y plata noble”, añade.
De la decoración se ocupó Integra, de Iria Casteleiro. Las mesas mesas del aperitivo se llenaron de flores de Brasaani Studio y frutas en tonos verdes, granates, rosas empolvados y colores crema, inspirándose en el ramo de la novia, formado por dalias ‘café au lait’, peonías y amaranto. Los misales, meseros, aperitivos y postales con dedicatorias fueron diseñadas por los novios, mientras que los menús fueron cosa de Mugga Home. El catering corrió a cargo de Casa Solla.
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La novia vistió de Romancera
Durante los preparativos de belleza, de la mano de Ciara, de Me by Martina, Marta llevó un camisón antiguo de seda y encaje de su abuela materna, acompañado de una capa de tul y crochet irlandés vintage.






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