02/07/2026

La boda en Jerez de la Frontera de Irene y Ferriol: una celebración inspirada en el romanticismo nostálgico del invierno

Una boda en Jerez de la Frontera: el ‘sí, quiero’ de Irene y Ferriol

Irene Huelva y Ferriol Macias se conocieron hace exactamente seis años, mientras disfrutaban de una verbena de pueblo en Garrotxa. “Empezamos siendo amigos, pero al tiempo nos dimos cuenta de que a pesar de ser polos opuestos, estábamos hechos el uno para el otro”, explica la pareja. Tanto fue así que se acabaron pasando por el altar el pasado 1 de noviembre. “Ferri me llevó a cenar a un restaurante dónde vamos cada verano en Chipiona, Los Corrales, que está justo en frente del mar y tiene la puesta de sol más bonita de España, me propuso bajar a la orilla a ver las estrellas después de cenar y allí, en medio de la oscuridad de la noche, me dio una cajita con un anillo que parecían dos estrellas más”, cuenta la novia sobre cómo él le pidió matrimonio.

A pesar de ser de Barcelona, decidieron celebrar la boda en Jerez de la Frontera, lugar de nacimiento de la madre de la novia y en el que la pareja pasa todo el tiempo que puede. En definitiva, para la novia Jerez es casa desde que nació y Ferriol se enamoró desde el primer momento en el que lo pisó. “Queríamos que nuestros invitados, que gran parte era de Cataluña, conocieran y vivieran un trocito del corazón de la novia y de la autenticidad del lugar”, confiesan.

La ceremonia religiosa tuvo lugar en la Basílica Menor de Nuestra Señora del Carmen Coronada, una joya barroca y romántica, situada en el corazón de Jerez de la Frontera. “Es tan bonita que preferimos no decorarla en su interior para que el protagonismo se lo llevara la personalidad del conjunto arquitectónico”, dicen. El banquete tuvo lugar en la Bodega Sánchez Romate, un recinto íntimo y acogedor en el que los invitados se sintieron como en casa.

Los novios organizaron ellos mismos la boda, ya que él se dedica a la organización de eventos. Contaron con la dirección creativa de Bruno Huelva, un pilar fundamental en esta boda, ya que ayudó a la pareja con diferentes aspectos del enlace. El concepto que inspiró a la pareja para la boda fue el romanticismo nostálgico del invierno. “Con la influencia británica y francesa que tiene Jerez, nos inspiramos en un palacio abandonado que había sido invadido por la naturaleza. Nada estructurado, sin pretensiones, muy asilvestrado y orgánico. Queríamos que la boda fuera una pura celebración de la vida y el amor, como un encuentro con amigos en el aperitivo que se alarga hasta la madrugada”, zanjan. Para ello apostaron por tonalidades pasteles y verdes, así como elementos con un toque decadente. La floristería Los Carmenes les ayudó a plasmar todo el
concepto floral que tenían en mente para la bodega. Bruno Huelva y la novia se encargaron de la papelería, y contaron con Printopia para imprimirla. La caligrafía de los meseros y los nombres la escribió a mano la prima de la novia, Lucía Balestra.

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