Una boda en Pontevedra: el idílico enlace de una pareja de Vigo
La magia de las bodas gallegas reside en sus majestuosos pazos, perfectos para celebrar una boda llena de encanto. Uno de nuestros preferidos es el Pazo de Pegullal, ubicado a las riberas del Miño. El Pazo Pegullal evoca lo mejor del Mundo Antiguo. Un diseño propio del renacimiento italiano que busca el equilibrio de lo clásico. El jardín discurre de un extremo a otro de la casa sin perder por eso sincronía. Setos y estanques se alargan impecables en contraste con la irregularidad de la fachada. El conjunto transmite una serenidad que non es estática pues es el propio jardín el que lo impide.
El encanto de este lugar tan especial también conquistó a Catalina y Jacobo, una pareja de vigueses que apostó por este lugar para celebrar su boda el pasado 6 de julio. “Nos conocimos durante las Navidades de 2018, aunque no empezamos a salir hasta agosto de 2020. Jacobo vivía en México, pero la situación del Covid hizo que pudiera pasar más tiempo en España y así empezamos nuestra relación. En junio de 2021 se mudó a Madrid, donde yo vivía”, nos explica Catalina.
Las cosas iban viento en popa para la pareja y Jacobo decidió que era el momento de dar el paso. “Me lo pidió después de la boda de unos amigos, de madrugada, en el salón de casa. Un momento muy íntimo y especial”, recuerda la novia.
La pareja pasó por el altar en la Iglesia de Santa María de Salceda, antes de celebrarlo por todo lo alto en el Pazo Pegullal. “Lo más especial del día de nuestra boda fue vivir un día tan especial rodeadaos de la gente que queremos”, comenta la pareja.
Para la organización del día de la boda, los novios contaron con el equipo de El Gran Salseo. “Queríamos algo elegante pero a la vez desenfadado. Para ello utilizamos mucho verde con pequeños toques de color rosa empolvado, sin restarle protagonismo al pazo, que ya es increíble de por sí”, explica Catalina. De las flores y la decoración se ocupó Papavero. La papelería la realizó la novia con ayuda de una amiga y los marcasitios fueron cosa de Bybenso. Para inmortalizar el gran día apostaron por el fotógrafo David Cons, The outsider.
Catalina confió en Inuñez para su vestido de novia. “Lo único que tenía claro era que quería un vestido con volantes y con mucho movimiento. Isa supo captar mi idea y mi estilo a la perfección y realizó un trabajo impecable. El vestido no podía ser más yo”, reconoce la novia. En los pies lució zapatos de Lola Cruz. Completó el look con unas joyas muy especiales: pendientes de su madre, el anillo de pedida que le entregó Jacobo y un broche familiar. “Mi ramo de novia, realizado por Papavero, era de rosas inglesas. Mis amigas me regalaron el lazo bordado con la virgen de La Milagrosa”, zanja Catalina.

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