La costumbre danesa para que el cuerpo y la mente entren en modo calma
Que los daneses tengan una palabra para designar esos pantalones (a veces viejos) que te pones al llegar a casa para estar cómoda y relajada dice mucho sobre su filosofía hygge y sus hábitos para propiciar momentos de calma en el hogar. Meik Wiking, autor del libro Hygge Home: Cómo hacer de tu hogar un espacio feliz (y el mejor embajador que existe de esta filosofía), los define así: “Son aquellos pantalones que nunca te pondrías para salir a la calle pero que son tan cómodos que seguramente son, en secreto, tus favoritos”. Es un peldaño más del hygge que propone otros mantras para propiciar esa relajación en casa. Por ejemplo, las mantas y cojines son imprescindibles para ellos porque de alguna manera esa sensación soft incita al cerebro a sentirse seguro y cómodo en casa. “Lo que pretende el hygge es ofrecer un descanso a tu yo adulto responsable, estresado y cumplidor. Que te relajes. Solo un ratito. Consiste en experimentar la felicidad de los placeres simples sabiendo que no hay de qué preocuparse”, apunta Wiking.
Sin duda, los daneses entendieron primero que nuestra casa es el lugar seguro donde recargar pilas y crear un entorno que favorezca la relajación es fundamental. De hecho, según un estudio del Instituto para la Búsqueda de la Felicidad , el 73% de las personas que están contentas con sus hogares también se sienten felices en general. Po todo ello hemos analizado con la psicóloga Marta Calderero los beneficios que tiene cambiarse de ropa al llegar a casa (y tener una especie de uniforme hygge para calmar cuerpo y mente).
Los beneficios del armario curativo
“Cambiarse al llegar a casa no es solo comodidad: es un ritual emocional. La ropa funciona como un mensaje directo al cerebro. Quitarte la ropa de fuera y ponerte algo cómodo y elegido con cariño es una forma muy clara de decirle a tu sistema nervioso ‘ya puedes bajar el ritmo’, explica la fundadora de Personalife Style. De hecho, confirma que en su consulta, con sus pacientes, trabaja la idea del armario curativo. “La ropa no es solo algo funcional o estético, es identidad. Cuando lo que llevamos puesto conecta con quién somos y con cómo queremos sentirnos, se genera bienestar real. Elegir prendas que te representen también cuando estás en casa, no solo cuando sales o cuando te ven es súper importante a nivel identitario. Una visión similar se trabaja en el libro de The Curated Closet de Anuschka Rees”, apunta.
La ropa que usamos manda señales al cerebro
De la misma manera que ya hablamos de esa costumbre tan francesa de usar un perfume diferente para meterse en la cama porque es una especie de ‘corto y cambio’ para el cerebro, la ropa también manda señales a nivel emocional. “Ayuda muchísimo al cerebro a entender en qué momento vital estamos. Cada cambio de ropa es una señal contextual: ahora trabajo, ahora descanso, ahora me recojo. Es aprendizaje puro. Por eso cambiarte al llegar a casa facilita que el cuerpo y la mente entren en modo calma”, explica la psicóloga.
Y si trabajas desde casa…
De la misma manera que durante la pandemia se insistió tanto en la importancia de no estar todo el día en pijama para mantener unas rutinas positivas para nuestro bienestar, si se trabaja desde casa, Calderero recomienda cambiar de ropa según la tarea, como si saliéramos a la oficina. “Es una forma muy sencilla de cambiar el chip y proteger el equilibrio mental. Al final, cuidar cómo nos vestimos, también cuando estamos solas, es una manera muy poderosa de reconectar con quiénes somos, de habitar nuestra identidad con más cariño y de recordarnos que la belleza empieza en cómo nos tratamos. Y ese gesto, aunque parezca pequeño, tiene un impacto enorme en cómo nos sentimos frente al espejo y en la vida”.
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