30/06/2026

La costumbre de domingo que deberíamos practicar a diario para reducir el cansancio y estar más sanas a los 70

La costumbre de domingo para reducir el cansancio y estar más sanas a los 70: las microsiestas

De la siesta se ha hablado largo y tendido. También de sus beneficios, pero siempre se ha asociado a una costumbre un tanto inalcanzable de lunes a viernes. Sobre todo si se concibe como un momento de sueño, pijama y persiana bajada para la que se necesitaba tiempo. Algo un tanto incompatible con los horarios laborales. Sin embargo, la realidad es que esas siestas largas no son realistas (ni tampoco beneficiosas). En cambio, sí lo son las microsiestas o periodos de pausa de tan solo 10 minutos. Así no lo explican varios expertos en longevidad, que adelantan que las siestas de más de media hora pueden ser incluso contraproducentes: “Es importante tener en cuenta que la siesta debe ser un periodo corto no mayor a 30 minutos debido a que las siestas largas pueden interferir con el ciclo circadiano e incluso están asociadas a aumento de riesgo cardiovascular y empeoramiento de la fatiga, esto es dado a la inercia del sueño y las fases del sueño en las que la persona despierta”, explica Katherine Lozano, experta en medicina integrativa de Palasiet Wellness Clinic & Thalasso.

Los beneficios (inmediatos) de las siestas de 10 minutos

Piénsalo, cuando un domingo cualquier te quedas dormida (o traspuesta, hablando en plata) de forma involuntaria unos 10-20 minutos te sueles despertar con una sensación de calma y energía muy placentera. Esas ‘cabezaditas’ que suceden de forma involuntaria durante el fin de semana deberían convertirse en hábito durante la semana porque, tal y como explica Mariel Silva, directora médica de SHA Spain, “estas pausas breves de entre 10 y 20 minutos actúan como un auténtico reinicio fisiológico y mental a mitad del día. Un descanso corto puede mejorar la atención, potenciar la memoria inmediata, elevar el estado de ánimo y aportar esa claridad mental que tantas personas necesitan. También contribuye a reducir el estrés acumulado por la mañana”. Y ahonda en las bondades de convertirlas en habito: “A nivel de bienestar a largo plazo, estas micropausas ayudan a regular el ritmo circadiano y a mantener niveles de energía más estables. Cuando se integran de forma habitual, favorecen un estilo de vida más equilibrado, con mejor calidad de sueño y menos sensación de agotamiento constante. Y creo que, para muchas personas, la siesta termina simbolizando algo aún más profundo: el permiso para detenerse de verdad. Cuando aprenden a incorporarla de manera consciente, mejora su rendimiento, su regulación emocional y su sensación general de bienestar”, añade la experta en longevidad.

Son una herramienta para tener mejor salud a los 70

En términos de longevidad, sus beneficios también están comprobado por la ciencia. Así nos lo confirma Carlos Gutiérrez, director médico de ZEM Wellness Clinic: “Estudios poblacionales realizados en países mediterráneos, especialmente en Grecia, han mostrado una menor mortalidad cardiovascular entre quienes practican siestas cortas de forma regular. Este efecto parece vincularse a una reducción del tono simpático [el nivel de actividad de la parte del sistema nervioso que mantiene al cuerpo en estado de alerta porque lo prepara para la acción] y a una mejor regulación neuroendocrina”. Eso sí, volvemos a la esencia del artículo, porque no hablamos de la siesta tradicional de pijama y cama, sino de pausas muy cortas que funcionan a modo de reset físico y mental. “La evidencia, sin embargo, es clara: la siesta reparadora es corta y realizada en horarios tempranos. Si se prolonga más de una hora o se desplaza a la tarde, puede interferir con el sueño nocturno y resultar contraproducente”, concluye Gutiérrez. Menos, en este caso, es mucho más.

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