05/07/2026

La fotografía como acto de amor: el universo íntimo de Hervé Guibert

Más tarde comenzaría a fotografiar, siempre con una marcada inspiración autobiográfica, que hace que resulte difícil definir su obra, porque, como diría Walt Whitman, “contiene multitudes”. Sus fotografías, al igual que su escritura, son profundamente íntimas: muchas reflexionan sobre la memoria, la fragilidad, la belleza, el erotismo o la vejez. Pero también hay espacio en su prosa para un tono descarnado, incluso duro, tanto al hablar de los demás como de sí mismo.

Esta filosofía se materializa en Suzanne y Louise, una fotonovela que acaba de ser editada en castellano por Los Tres Editores y Editorial Comisuras. En ella, captura la vida enigmática de sus dos tías abuelas. Publicado originalmente en 1980, el libro documenta cómo el autor convenció a sus tías para retratar su vida en reclusión, compartida únicamente con su perro Whisky. El proyecto reflexiona sobre la biografía de ambas mujeres y fotografía lo que entonces rara vez se consideraba digno de inmortalizar: los cuerpos envejecidos y la soledad de los últimos años. Guibert cuenta que sus tías llevaban sin fotografiarse desde los treinta años, una costumbre de la época que ellas mismas resumían con crudeza: “Nos hicimos muchas fotos de jóvenes, luego ya te vuelves vieja y fea; la vejez no se enseña”.

Sobre las fotos, acompañadas de unos textos fragmentados que narran la vida cotidiana de las dos mujeres hasta sus preferencias y sus olores preferidos, parece depositarse el misterio de la vida. En ellas aparecen reflejadas en momentos de intimidad, sentadas en el sillón, mostrando el pelo largo de Louise –símbolo de erotismo de juventud, que sin embargo en una mujer mayor resultaba impúdico o impropio–. Guibert juega con las imágenes y con los conceptos de lo que es real y de lo que no lo es, e incluso imagina como sería la muerte de una de sus tías, un simulacro para liberarse de la angustia de la muerte y sus procesos.

La muerte como tal, también es uno de los temas centrales de su obra, “Él estaba fascinado por la muerte, por la enfermedad. Y tenía una premonición sobre su propia muerte, que pensaba que le llegaría siendo joven” diría su viuda, Christine Guibert, en una entrevista en Vanity Fair. Por esa íntima y profética convicción de que se le acababa el tiempo, Guibert trabajó frenéticamente, componiendo un corpus artístico extenso pese a su corta edad, que comenzó con la novela de autoficción La Mort Propagande (1977) —en la que ya trata estos asuntos—, que publicó con apenas 21 años, y a la que le siguió la exposición de las fotos de sus tías Suzanne y Louise.

No sería esa la única de las obras en las que aparecerían. Las tías abuelas de Guibert se convirtieron en musas recurrentes de su universo creativo. No contento con inmortalizarlas en nuevos retratos para la prestigiosa Galerie Agathe Gaillard, les concedió el protagonismo absoluto de su novela Les Gangsters, consagrándolas como iconos de una intimidad turbadora y sublime. El paisaje doméstico que aparece en la fotonovela, tan íntimo como universal, tiene un eco especial en su obra. Los interiores de Suzanne y Louise—los pliegues de las sábanas, la penumbra de los dormitorios, el papel de las paredes, la elocuencia de los retratos— reaparecen una y otra vez a lo largo de su carrera, tejiendo una mitología personal.

Ver fuente