En la industria de la moda, nombrar a los Seis de Amberes es una suerte de código secreto que te ratifica como un verdadero connoisseur, como alguien que maneja las referencias adecuadas. Es café –del bueno– para muy cafeteros. Pero al margen del uso más o menos esnob que se hace de los belgas en el circuito especializado, lo cierto es que los diseñadores Dirk Bikkembergs, Ann Demeulemeester, Walter Van Beirendonck, Dries Van Noten, Dirk Van Saene y Marina Yee cambiaron el rumbo de la moda hace cuatro décadas desde una pequeña ciudad europea que, en modo alguno, era candidata a convertirse en un lugar geográfico destacado en el sector. Pero ocurrió. Ahora el MoMu (Mode Museum Antwerpen) inaugura una exposición, The Antwerp Six, que homenajea el seísmo que supuso la confluencia de estos seis talentos en el mismo espacio y tiempo. La cita, que se podrá visitar del 28 de marzo de este año al 17 de enero de 2027, está comisariada por Romy Cockx y Kaat Debo, que forman parte del equipo de la institución; y por Geert Bruloot, el fundador de la mítica tienda Coccodrillo, que abrió sus puertas en la ciudad belga en 1984.
Los miembros del colectivo, todos compañeros de pupitre de la Royal Academy of Fine Arts de Amberes, presentaron sus respectivas colecciones en Londres en 1986. La leyenda cuenta que, en aquel evento, todos los diseñadores estaban en la primera planta del edificio mientras que los belgas ocupaban la segunda, junto a los vestidos de novia. Los compradores, claro está, nunca subían. Al día siguiente, los miembros de la expedición decidieron hacer folletos y distribuirlos en el primer piso. Aquella táctica dio sus frutos: a media tarde de ese mismo día los compradores estaban allí realizando los primeros pedidos. Poco después, el piso estaba atestado de gente. Todo el mundo quería saber de dónde habían salido esos audaces diseñadores de nombres impronunciables. “Londres no fue una estrategia; fue el destino. La ciudad era la capital de la nueva moda –el punk, los New Romantics, los estilismos radicales…–. Cuando los Seis presentaron allí, compradores y periodistas empezaron a susurrar: ‘Sube. Está pasando algo nuevo’. Fue allí donde nació el nombre de los Seis de Amberes –acuñado por la prensa, no por los propios diseñadores–. En 1988, organizamos un desfile guerrilla en Westway Studios, fuera del sistema oficial. Causó un enorme revuelo y provocó que el British Fashion Council nos dijera, muy educadamente, que no regresáramos. Ese fue el momento en que nos trasladamos a París, y cuando las carreras individuales realmente despegaron”, rememora Bruloot, que viajó con el resto de la pandilla.

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