30/06/2026

Llevé un corsé del siglo XIX (estilo Cumbres Borrascosas) a la oficina (y esto es lo que pasó)

El hype de Cumbres Borrascosas no se limita solo al cine ni a nuestra obsesión por Margot Robbie y Jacob Elordi. Imposible no ver la película sin sentir the femenine urge de correr por los salvajes páramos de Yorkshire con alguno de los impresionantes vestidos –nos da igual que sean totalmente anacrónicos, son increíbles– que componen el envidiable vestuario del personaje de Catherine Earnshaw. Y si hay una pieza esencial de todos esos looks, es el corsé. Pero claro, una cosa es coquetear con Heathcliff en el acantilado y otra muy diferente aplicar esta prenda a la vida real: la oficina. Así que no podía haber otra opción para una nueva edición de nuestra serie Vogue (A)prueba.

Si en anteriores ocasiones hemos testado tendencias tan variadas como un bolso-cacerola de Moschino, unos zapatos Five Fingers, el estilo Regencycore o incluso unas bragas a la vista, el corsé podría no parecer tan arriesgado a nivel estético. Así que para subir la apuesta, en lugar de una versión moderna de esta prenda, hemos optado por poner a prueba un bustier de Cornejo (la emblemática sastrería madrileña especializada en vestuario de época para cine y televisión). ¿La pieza escogida? Una confección de este taller para la película Lautrec (1998) y diseñado por el figurinista Pierre-Jean Larroque como parte de los 600 trajes de su vestuario, trabajo por el que se llevó el Premio César en 1999. Según me cuentan desde Cornejo, elaborada en tela de corsé (un canvas grueso y rígido) con ballenas de acero para moldear la cintura, se trata de una prenda de finales del siglo XIX “con un rigor historicista excepcional”. El experimento está servido.

Tratándose de una pieza anudada a la espalda y con corchetes (también llamados ‘perezosas’) en la zona frontal –se supone que para facilitar que una misma se lo pueda colocar sola–, y teniendo en cuenta que carezco de ayuda de cámara (y vivo sola), me lo coloqué como pude a las 8:00 de la mañana en mi casa. Si bien no iba del todo apretado, ya pude adivinar que el día se me iba a hacer bastante largo. De camino al metro y acordándome muy fuerte de Kim Kardashian con aquel diseño imposible de John Galliano en la Met Gala de 2024 –ahora entiendo por qué se aferraba tan fuerte a su rebequita–, tuve la prudencia de encontrarme con una compañera a medio camino, por si había algún desmayo. Me alegra reportar que no lo hubo, pero sí recibí unas cuantas miradas inquisitivas. Me sentía como Amy Adams en Encantada, vestida de Cenicienta en el Nueva York moderno (if you know, you know).

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