30/06/2026

Los 30 años en la moda de Teresa Helbig: “Tener un taller propio nos permite hacer cosas increíbles, aunque sea haga muy difícil mantener el pulso”

En la fábula de la cigarra y la hormiga, Teresa Helbig (Barcelona,1963) sería la hormiga. La comparativa no es casual: la diseñadora, tan asidua a las referencias literarias en sus colecciones, lleva treinta años en la moda, “picando piedra” sin parar. “Es un orgullo inmenso”, confiesa la creativa al hacer balance de su trayectoria. “Al principio fue todo muy duro porque nos consideraban ‘las tres b’ [bodas, bautizos y banquetes], y si no vendías a tiendas, eras como el bajón del siglo”, recuerda. “Ahora estamos en un momento fantástico y me tomo este tiempo como un regalo. Además, tenemos las mismas ganas de continuar, con gente muy joven alrededor para contar una historia apasionante”, comenta al otro lado del teléfono. La catalana siempre ha dicho que sin su equipo, la marca no existiría. Más allá de su creciente red de colaboradores externos, el núcleo duro de la compañía sigue integrado por 24 personas de diferentes edades, que operan con precisión quirúrgica en el centro de Barcelona. “Trabajamos por y para las mujeres. Tener un taller propio nos permite hacer cosas increíbles para darles ese servicio, aunque se haga muy difícil mantener ese pulso. Pero bueno, ahí seguimos”, medita la diseñadora.

Todo en Helbig se concibe paso a paso. Junto a su madre, la también modista Teresa Blasco, estuvo trabajando quince años como escaparatista para la mítica tienda de Gratacós, en la Ciudad Condal, antes de aventurarse a desfilar. Especializada en prendas para ocasiones especiales, su modus operandi nada a contracorriente: a las líneas de moda nupcial, de costura e infantil le han sumado ahora, casi tres décadas después, el prêt-à-porter. “Ha sido un poco la fase de entrenamiento, para hacer el traspaso generacional. Si no hubiésemos visto una necesidad real entre las clientas, no nos habríamos metido”, concede. La firma se mueve con pies de plomo: hicieron su primera incursión en la moda rápida el año pasado y lanzarán la próxima de forma inminente, con el propósito de adaptarse al estilo de vida todoterreno de sus fieles seguidoras. Para la enseña, especializada en la confección a medida, está siendo todo un aprendizaje trabajar a escala, pero sigue con el mismo método de prueba y error de sus inicios. “Hay que ir evolucionando y lo hemos hecho de forma orgánica”, apunta. “Aunque estén hechas en serie, estas prendas tienen que seguir respirando la esencia de nuestra costura. Nunca vamos a hacer grandes producciones”, añade. Con intención de convertirlo en un importante motor en términos de negocio para la marca, pretenden abrir una tienda enfocada solamente en sus creaciones de prêt-à-porter. La inauguración está prevista para finales de año, y lo harán en el mismo edificio de la calle Mallorca donde hoy tienen el taller. Al mismo tiempo, trasladarán el atelier hasta un local más grande en Poble-sec, el barrio barcelonés donde creció la propia Teresa: “La idea era ampliar el espacio para poder dedicarle más tiempo a esa labor de formación artesana que hemos intentado hacer nuestra poco a poco”, aclara.

Retrato de la diseñadora Teresa Helbig.

Retrato de la diseñadora Teresa Helbig.Andrés Bustamante

A Teresa Helbig también le ha dado tiempo a vivir su propio sueño norteamericano. En 2019 hizo un trunk show en Los Ángeles y hoy, junto con España, Estados Unidos representa su mercado más fuerte. “La artesanía les flipa y dan un valor increíble a la trazabilidad. Como no somos tan conocidos, ese carácter nicho les pone un montón”, declara. El foco lo tienen puesto en el resto del continente americano, especialmente en México, donde encuentran un público interesante. “Estamos dibujando la estrategia de cómo vamos a seguir, pero nuestro sueño es vender en dos plataformas importantes a nivel internacional”, adelanta.

El periplo de Helbig la ha llevado por senderos de lo más variopintos. Ha recibido el premio Nacional de Diseño de Moda (en 2023), ha vestido a Zendaya y a la tripulación de Iberia y ha conseguido desfilar en París. ¿Qué le queda por hacer? Dice que un montón de cosas, como una película o un cortometraje, siempre fiel a ese espíritu cinematográfico que trata de imprimir en sus creaciones. Por el momento, 2026 viene con exposición incluida: el Museo del Traje acogerá a finales de abril una retrospectiva que repasa sus 30 años enhebrando aguja a través de unos cuarenta y cinco looks. Ayer también celebró en la capital el desfile con el que dio a conocer su colección aniversario de primavera-verano, Savage Swans. Versionando el cuento homónimo de Hans Christian Andersen, la propuesta evocaba la pluma con la que empezó todo: “Mi primer vestido fue un diseño con más de 800 plumas teñidas que me hice para una boda y que me dio alas para continuar con el proyecto”, relata. No han reproducido esta prenda primigenia ad hoc, pero trasladan su esencia a abrigos y capuchas. Del georgette a los rasos y las sedas naturales, el resto de materiales transmiten la misma naturaleza etérea: “Es una propuesta muy onírica, sin olvidar nuestro punto macarra”, puntualiza. La artesanía sigue presente, como una técnica de bucles planos que emplearon en su segunda colección en Madrid y que Dior aplicó en los años 50. O el tweed que ellos llaman “à la Helbig”, un entrelazado de cintas de raso que les hace un taller gallego, simulando un tartán de cuadros. La presentación de sus particulares cisnes tuvo lugar en el teatro Infanta Isabel, como tributo a los cabarés del Paralelo de Barcelona a los que se escapaba junto a su tía María y que darían pie posteriormente al rico universo Helbig. “Lo que más me gustaba era jugar con su pastillero de cristales de colores, era mi joyero mágico”, rememora. Si de su madre hereda la resiliencia y la profesionalidad, el legado de su tía está cargado de brillo y purpurina. Entre el rigor y el boato sigue cosiendo Teresa Helbig desde 1996. A por otros (como mínimo) 30 años más.

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