Según el Dr. Robert Emmons, considerado el principal investigador sobre los beneficios de la gratitud, esta consiste en prestar atención a las cosas buenas de nuestra vida. Contemplar, meditar, anotar aquello por lo que damos gracias, escribir una carta de agradecimiento a alguien, agradecer antes de las comidas… Dedicar unos minutos al día a la gratitud es increíblemente nutritivo para el cuerpo, la mente y el alma. Detrás de este sencillo ejercicio se esconden efectos asombrosos sobre la salud mental y física, puestos de relieve por décadas de investigación científica.
¿Cuáles son los beneficios de la gratitud?
Reestructuración del cerebro
Una investigación del Dr. Robert Emmons ha demostrado que las personas que expresan gratitud a diario son un 25% más felices. «Se sienten más satisfechas, encuentran más sentido a sus vidas, se alegran e incluso se maravillan de su experiencia vital», explica el Dr. Andrew Huberman, neurocientífico estadounidense, profesor de neurobiología y oftalmología en la Facultad de Medicina de Stanford y famoso podcaster. La gratitud tiene un efecto de reencuadre cognitivo: al entrenar al cerebro para ver lo positivo, lo ve más. Es un poco como la teoría del coche amarillo: una vez que eres consciente de algo (un coche amarillo), empiezas a verlo en todas partes. Al ejercitarla, la gratitud tiene el poder de contrarrestar un mecanismo cerebral natural que, por defecto, tiende a centrarse en lo negativo para protegernos.
Claridad mental
También ayuda a maximizar el potencial de la mente. Mejora nuestra atención, nuestra memoria y nuestra intención», explica el Dr. John Demartini, especialista de renombre mundial en comportamiento humano y autor de The Gratitude Effect (ed. G&D Media). Cuando nos encontramos en un estado de profundo agradecimiento, la experiencia inmediata es la claridad mental. Recuperamos la lucidez. Tenemos más acceso a la inspiración. Y hagamos lo que hagamos, pasamos a un nivel superior. Es automático».
Resiliencia emocional
En los estudios realizados, los escáneres cerebrales han demostrado que las regiones del cerebro que se activan con la gratitud están vinculadas a los mecanismos de recompensa y la regulación emocional. Así, se anteponen a la amígdala, el centro del miedo y la ansiedad. Con el tiempo, el estado emocional general se vuelve más tranquilo, equilibrado y resistente. El sistema nervioso simpático (la respuesta de lucha y huida que se produce cuando el cuerpo se siente en peligro) se activa menos en favor del sistema nervioso parasimpático, lo que reduce los niveles de cortisol hasta en un 23%, según el Dr. Robert Emmons.
Mejor sueño y mejor salud
Cultivar la gratitud también activa el hipotálamo, que desempeña un papel esencial en el sueño. Como resultado, las noches son más reparadoras, más largas y de mejor calidad. Los expertos sugieren incluso que es más fácil levantarse por las mañanas y que vuelve la motivación. La simple práctica de la gratitud también tiene beneficios reales para la salud física, revelados por estudios recientes: menos inflamación en el organismo, mejor salud cardiovascular y neuronal, respuesta inmunitaria reforzada. Según investigadores de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, el riesgo de mortalidad por cualquier causa se reduce en un 9% en quienes deciden centrarse en lo que tienen en lugar de en lo que les falta. Por tanto, unos segundos de agradecimiento favorecen la longevidad al provocar cambios fisiológicos reales.
¿Puede coexistir la gratitud con la infelicidad?
Sin embargo, el circuito beneficioso que pone en marcha la gratitud plantea una pregunta: si la alegría aumenta la felicidad, ¿significa eso que es imposible sentirla cuando parece faltar? ¿Y que debemos ignorar el sufrimiento? En absoluto, según el doctor Robert Emmons. La gratitud puede coexistir con la dificultad. Su principio de «gratitud madura» reside en la capacidad de reconocer lo bueno incluso cuando parece ausente y sin menospreciar el dolor. «Toda crisis encierra siempre una bendición oculta si te tomas el tiempo de mirar un poco más de cerca», explica el Dr. John Demartini. Nunca hay una pérdida sin una ganancia, una ventana que se cierra sin que se abra una nueva, una tragedia sin un efecto casi cómico a posteriori». Partiendo de este principio, recomienda no esperar a qué venga sino salir a buscar esa gratitud en medio de la adversidad desde el mismo instante en que ocurre. Y la buena noticia es que, al modificar los circuitos neuronales, el estado de gratitud puede convertirse en nuestro modo “por defecto”. “Los circuitos asociados a la alegría y la motivación pasan a dominar nuestra fisiología y nuestro estado mental. Así que no necesitamos forzarnos constantemente a ser felices”, afirma el Dr. Andrew Huberman.
¿Cuáles son los rituales de gratitud más poderosos?
El diario de gratitud
Escribir cada día tres cosas por las que estamos agradecidos es la forma más popular de expresar gratitud. Tres semanas de journaling bastan para cambiar la estructura física del cerebro, según los investigadores. «Empieza a adoptar una manera de analizar el mundo que no busque siempre los aspectos negativos, sino los positivos», recomienda el psicólogo estadounidense Sean Anchor, autor de The Happiness Advantage (ed. Virgin Books). Al final del día, el diario de gratitud favorece una noche más tranquila y descansada. Por la mañana, abre nuevas perspectivas de cara a la jornada.
La carta de agradecimiento
Los científicos coinciden en que escribir una carta a alguien libera emociones y pone de relieve la importancia de esa persona para uno. Este ejercicio vital te hace sentir más conectado con los que te rodean y contigo mismo. ¡Tanto si decides enviar la carta a esa persona como si no!
Este artículo se publicó originalmente en Vogue.fr

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