03/07/2026

María Herreros recuerda a Amaia Arrazola, la ilustradora vitoriana fallecida a los 41 años: “Conocí a la chica más simpática DEL MUNDO”

Los homenajes a Amaia Arrazola (Vitoria, 1984) no dejan de sucederse entre sus colegas de profesión en las redes sociales –Lyona Ivanova se muestra conmocionada por la pérdida; Paula Bonet reivindica el peso de su legado; Flavita Banana le dedica una viñeta con un cielo nublado del que llueven gotas de colores–. La ilustradora, de 41 años, falleció el pasado miércoles 5 de noviembre en Barcelona tras el fulminante avance de una enfermedad. Además de ser autora de obras gráficas como Wabi Sabi (Lunwerg, 2018), donde documenta un viaje a Japón, tierra que le provocaba una absoluta fascinación creativa; El Meteorito (Lunwerg, 2020), sobre su abrumador aterrizaje en la maternidad o Totoro y yo (Lunwerg, 2022), en el que ahonda en su personal vínculo con las películas de Hayao Miyazaki, la vitoriana también era conocida por su trabajo como muralista y su participación en distintos títulos de literatura infantil.

Para entender mejor la profundidad de su obra, Vogue España ha contactado con una de sus grandes amigas, la también artista gráfica María Herreros (Un barbero en la guerra; Historia de una niña con pánico a ser mujer), quien habla, con gran emoción, sobre la generosa relación que unía ambas y la admiración que Arrazola le despierta.

Amaia Arrazola

Una fotografía cedida por María Herreros (primera empezando por la izquierda). Amaia Arrazola aparece en tercera posición.

¿A dónde se remontan los orígenes de tu amistad con Amaia Arrazola y cómo se fue desarrollando en el tiempo?

Al año 2013. Ella llegó a un evento que habíamos orquestado algunos artistas. Yo aún me sentía primeriza, la de fuera, uncool. Y conocí a la chica más simpática DEL MUNDO. En cinco minutos ya éramos amigas y estábamos buscando unos botellines de alcohol para reírnos en ese evento descafeinado. Presentando nuestro ‘arte’ entre risas, pensé que quizá sí que haría amigos en ese mundillo. Que quizá el mundo era amable y me aceptarían. Eso conseguía hacer sentir Amaia a todo el que estaba en su radio de luz. Después 12 años de compañerismo y amistad, coincidimos en esa maternidad que tan bien retrató ella en su meteorito. Recuerdo un día que nos encontramos en el barrio de Gràcia, donde las dos vivíamos en ese momento, con los bebés que no se dormían en los carros. Y nos decíamos: ‘Yo quiero pintar, pero mira’ y, al final, nos reíamos y compartíamos consejos. Sabiendo también lo bonito de ello pero, por qué no, desahogándonos juntas.

¿Qué elementos destacas tú personalmente de la obra gráfica de Arrazola?

El optimismo que siempre escondía algo más: siempre reivindicativa, siempre socialista y siempre denunciando las injusticias.

¿Por qué insistes en la idea de que, con su reciente fallecimiento, se pierde a una de las creadoras de referencia en la ilustración contemporánea?

El mundo de las artes plásticas necesita autores como ella, comprometidos con la clase trabajadora y los más olvidados. Y se nos ha ido una de las más auténticas.



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