Es este un largometraje que borda una realidad que alcanza prácticamente a todo el mundo: el deseo de vivir por encima de las posibilidades de cada uno. “Desde el primer momento vemos a un personaje que dedica su tiempo a hacer meriendas para su hijo que no le gustan y no se va a comer, pero que ella utiliza para subirlas a su Instagram”, explica la actriz. “El problema de Instagram es que nos hace pensar que toda esa ropa que llevan o esos barcos en los que está la gente es algo que el común de los mortales tenemos al alcance de la mano. Te lleva a pensar que si toda esa gente lo puede hacer, ¿por qué tú no? Creo que a todos nos pasa algo con esto”.
Podría estar esta película emparentada con producciones recientes como Poquita fe. No hay tanto patetismo en Altas capacidades ni la factura final resulta deprimente, todo lo contrario, pero no deja de ser la semblanza de esa mayoría de españoles que tienen que pasar la semana mirando al céntimo. “Es que esto es el retrato de la clase media», reflexiona Marian Álvarez. “Ahora, si se rompe el coche, no llegas a fin de mes. Las casas hay que pagarlas años y años y años, lo que convierte a todos en clase trabajadora. El límite es muy difuso. Se hace aquí un retrato muy ácido sobre lo que somos”, comenta. “La peli cuenta cómo queremos cambiar lo que somos a través de los hijos. Si meto a mi hijo en un colegio equis, ya soy así. Quieres que tus hijos te definan y representen como lo hace un coche. Creo que ahora mismo estamos perdidísimos. Dentro de los públicos hay diferentes clases de colegios. Y hay quien se pega por plazas. Alicia y Gonzalo piensan que van a conseguir algo a través del niño porque ellos se lo merecen”.
Construyen Elejalde y Álvarez una pareja también como tantas otras hay. “La química se tiene o no se tiene. La hay con un actor o no. Hay algo que es así. Gente con la que te entiendes perfectamente”, reconoce la actriz sobre ese match que se ha dado entre ambos. “Este tipo de matrimonios son muy jodidos, pero piensas que no se van a separar nunca porque en el fondo se compenetran muy bien. Muy en el fondo es un matrimonio que está muy bien. Ellos saben perfectamente hacia dónde van. Saben que están equivocados todo el rato, pero lo hacen unidos. Es bonito de ver y la mayoría de gente es así”, reconoce.
Pero no solo hay estopa para repartir contra los protagonistas. Los miembros de esa clase alta a la que aspiran a pertenecer son seres amorales e idiotas. “Los ricos manejan el mundo y me gustaría confiar en que sí tienen valores. Creo que hay una diferencia entre la gente con dinero y los de clase social alta que siempre lo han tenido todo. Los que viven de las rentas, vaya. Hay gente con mucho dinero que se ha criado de otra manera y hay quienes les llega solo. Se lo dan por ser y esos son diferentes. Viven desconectados de la realidad”, razona.

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