18/05/2026

Más allá del Louvre: los museos menos conocidos de París que tienes que descubrir

París es una ciudad que no se acaba nunca. No en vano, es una de las más visitadas del mundo: ha sabido conservar su espíritu sin dejar de renovarse, de manera que uno puede perderse por sus calles durante días y seguir topándose con algo nuevo a la vuelta de cada esquina.

Esa misma capacidad de sorpresa se hace presente en su oferta museística, que abarca desde las vanguardias más frescas hasta los grandes clásicos, y en la que brillan, por supuesto, nombres tan célebres como el Louvre o el Museo d’Orsay. Pero París guarda muchos más secretos de los que caben en una lista de imprescindibles. Esta es nuestra guía de los rincones que no siempre aparecen en los mapas turísticos, pero que, para quien los descubre, terminan siendo uno de los elementos más memorables del viaje.

Museo Carnavalet

En el número 23 de la Rue de Sevigné, en el corazón del céntrico barrio de Le Marais, nos encontramos con El Museo Carnavalet, una institución que alberga la historia de París, desde sus comienzos como asentamiento galo y romano, hasta las últimas décadas del siglo pasado.

El palacete que lo alberga es, junto al Cour Carrée del Louvre, uno de los escasos testimonios de la arquitectura renacentista que quedan en París, construido a mediados del siglo XVI. Entre sus paredes se pueden disfrutar de pequeños tesoros tan dispares como el herbario de Voltaire, objetos pertenecientes a María Antonieta o el dormitorio —con cama incluida— de Marcel Proust.

Las salas de la segunda planta, recrean el ambiente de una residencia privada desde el Renacimiento, cubriendo las épocas que ha vivido el propio palacio, pasando por el siglo XVIII hasta la increíble sala de la Belle Époque con mobiliario, tapices y objetos de arte que hacen que el visitante sienta que ha cruzado un umbral al pasado. Y, por si fuera poco, la entrada es gratuita.

Museo Cognacq-Jay

Separado del Museo Carnavalet por apenas tres calles, y algo escondido al fondo de la Rue Elzevir, se ubica el Museo Cognacq-Jay, especializado en el siglo XVIII francés e inspirado en el Museo Carnavalet. En él, te podrás encontrar con joyas del rococó francés (e inglés) como Watteau, Fragonard, Élisabeth Vigée-Le Brun, Angelica Kauffmann o los pasteles de perfil psicológico de Quentin de La Tour que tan bien retrataron a la élite de la época. La colección, la completan delicadas piezas mobiliarias de la época, joyas propiamente dichas, esculturas y miniaturas.

Con cada nueva exposición temporal, este hôtel particulier del siglo XVI —donado a la ciudad de París por los fundadores de los grandes almacenes La Samaritaine— sorprende con nuevas lecturas de un periodo que nunca termina de agotarse. La más reciente explora la imagen y el papel de las mujeres en el siglo XVIII a través de las piezas textiles de la época.

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